La construcción es un negocio decente y fructífero, cuando se realizan los estudios de impacto ambiental (EIA) éticos y se obra con corrección. Los pobres y los ricos necesitan un lugar para vivir, una habitación para convivir socialmente, otras para cocinar, comer, asearse y dormir. Pero lo fundamental para una vivienda es un mínimo de servicios: Agua y energía.
La construcción es un sector básico para la economía del país que, desafortunadamente, no se caracteriza por su conciencia ecológica. El Instituto Worldwatch señala que los edificios consumen el 60% de los materiales extraídos de la tierra y su utilización, junto a la actividad constructiva, genera la mitad del total de residuos y contaminación.
Por tanto, el sector de la construcción generalmente no utiliza un modelo sostenible de crecimiento, y son cada vez más los expertos que hablan de la necesidad de adaptar criterios ecológicos para garantizar no sólo la conservación del medio ambiente y la salud de los consumidores, sino también su viabilidad económica futura.
En definitiva, una casa totalmente ecológica debería construirse con sistemas y materiales respetuosos con el medio ambiente y con criterios bio-climáticos que supongan un ahorro energético, de manera que se consiga un crecimiento sostenible con recursos locales.
Bajo esas y otras premisas técnicas y viendo las necesidades nacionales de vivienda mínima para más de un millón de guatemaltecos, así como el caos ambiental que, desafortunadamente, persiste en Guatemala, el arquitecto Alfredo Maul prefirió regresar a Guatemala y de alguna manera dar asistencia al mejoramiento ambiental del país, buscando y encontrando soluciones habitacionales ecológicas viables.
A partir de allí, Alfredo trazó una vivienda mínima con un diseño básico para adaptarse a los diferentes microclimas de Guatemala. Viendo la deforestación de puntos importantes de la República, únicamente debe pensarse que una casa ecológica inicia con reforestación propia.
Cuenta Alfredo que cuando trabajó en la reconstrucción de la casa del 4º presidente estadounidense, James Madison, tuvo la oportunidad de leer algunos de sus manuscritos del siglo XIX, dentro de los cuales encontró un texto que dice que «Antes de poner un alegato, debe tenerse en mente un mínimo de tres propuestas para solventar el problema. Si no es preferible quedarse callado». La «casa semilla» es analógica a este texto.
Foguavi, que es una extensión del disuelto Banvi, tiene el criterio de que no puede construirse una casa de menos de 42 mts. cuadrados para 5 ó 6 personas y hay un déficit de 1, 220,207 unidades habitacionales en el territorio nacional. Alfredo asegura que puede ubicarse una vivienda en un lote de 5 x 9 metros, con suficiente ventilación y bien orientada al sol.
Es interesante cómo está resuelto parcialmente el problema del agua y de energía para evitar, hasta lo posible, la dependencia total de los proveedores. En la forma prefabricada, la casa completa entra en un camión de dos toneladas, similar a uno de los que sacan basura y, puede erigirse, la casa, en un lapso de dos a tres semanas.
Las soluciones ecológicas sostenibles son las que necesita la Tierra para minimizar, en lo posible, la catástrofe ambiental que se avecina… la catástrofe que todos ven venir y que ya sienten los primeros efectos relevantes pero que sin embargo, muchísimos no creen que pueda llegarse el día ? al igual que en los tiempos de Noé.