Muchachos vestidos de blanco giran en círculo lanzando sus pies al aire y atacándose, siguiendo el ritmo de un tambor que suena con aires brasileños: se entrenan en la capoeira, una mezcla de artes marciales y danza, en el país donde algunos creen que se originó: Angola.
El padre Stefano, un sacerdote italiano que llegó a Angola hace cinco años, dice que siempre ha creído que la capoeira fue creada en Brasil por descendientes de los esclavos africanos que la desarrollaron como un arte marcial bajo la forma de danza, con lo cual pudieron combatir por su libertad.
Pero cuando llegó a Angola dice que encontró la prueba de que las raíces originales eran de este país, del que dos millones de personas fueron deportadas a América como esclavos entre el siglo XVI y el XIX. La mitad de ellos, se cree, enviados a Brasil.
«Mis investigaciones demuestran que la capoeira nació en Angola, en la parte central y sur del país», dijo.
El padre Stefano se sorprendió al descubrir que este deporte es casi desconocido en Angola, donde los jóvenes están más cautivados por juegos modernos como el fútbol, el básquet y el balonmano.
«Pero esos deportes no son de Angola, mientras que la capoeira sí lo es», dice.
«Queremos que la capoeira vuelva al lugar al que pertenece», dice el padre Stefano. Por eso en 2004 comenzó a ofrecer cursos en el Centro Don Bosco, una escuela católica en el suburbio luandés de Sambizanga.
Al comienzo tuvo que traer a los entrenadores desde Brasil para dirigir a los primeros estudiantes, pese a la reticencia de los padres de familia, que no querían autorizar a sus hijos a aprender capoeira.
«Decían que no deseaban que sus hijos aprendieran cómo pelear.. ya tienen suficiente violencia en la vecindad», dijo.
Poco a poco logró convencer a los padres de que al practicar capoeira sus hijos permanecerían alejados del crimen mientras aprendían cosas que servían para su salud y disciplina.
Ahora se acaba de graduar la primera promoción de instructores de capoeira; quinceañeros de ambos sexos vienen de todos los barrios de la ciudad para aprender este deporte, que se ha ganado un lugar en el programa oficial de las escuelas.
Yolanda Silva, de 15 años, es una de las estudiantes que tuvo que luchar para persuadir a sus padres de que la autorizaran a aprender capoeira.
«Al comienzo dijeron que no porque pensaban que era peligroso para las mujeres», dice. Su persistencia y su pasión por el deporte les llevó finalmente a aceptar, añadió.
«Con tantas cosas negativas que nos rodean hacer capoeira es positivo», afirmó Yolanda.
Una de las asistentes del padre Stefano en la escuela, Sister Furvia, dijo que la capoeira es una de las vías para enseñar a los niños la integridad y la lucha para sobrevivir en las calles de Luanda, donde viven millones de personas que tuvieron que huir de sus hogares para escapar a décadas de guerra civil.
«No se trata de un simple arte. La capoeira concierne a la persona en su conjunto. En una región como esta queremos que la gente respete la vida. Es por ello que enviamos mensajes positivos en este lugar donde hay tantos delitos», defendió Sister.
El deporte se ha vuelto tan popular que el padre Stefano ha iniciado nuevos talleres en otras partes de Luanda y en otras pequeñas ciudades provinciales .
«Queremos mostrar que la capoeira es muy de Angola, muy africana», aseguró Sister.