La campaña de las elecciones regionales, un reflejo de la crisis


Nicolas Sarkozy, presidente de Francia, debe enfrentar las elecciones regionales como una prueba de evaluación a su gobierno. FOTO LA HORA: AFP JEFF PACHOUD

La campaña para las elecciones regionales de mañana en Francia puso en evidencia una sociedad en crisis, en la cual la palabra «se desbocó» hasta deslices racistas, con una población replegada sobre sí­ y una clase polí­tica desconectada de la realidad, afirman expertos.


Numerosos polí­ticos lo dicen: el nivel de la campaña no despegó y se mantuvo en «ataques fétidos» tanto en la derecha como en la izquierda, con frases provocadoras y desmesuradas como las declaraciones de tono antisemita de un presidente de región, el ex socialista George Freche contra el ex primer ministro francés, el socialista Laurent Fabius, de quien afirmó «no tiene una cara muy católica».

O aquellas del jefe del bloque de senadores de la derecha gobernante, Gerard Longuet, que prefiere un «viejo protestante» a un socialista de origen argelino al frente del organismo público de lucha contra las discriminaciones.

Estos deslices, en sí­, no fueron más numerosos que en otras elecciones, dicen los expertos. El asunto es que esta vez la palabra «se ha desbocado», tras un inicio de campaña polémico en torno al debate sobre la identidad nacional y la inmigración impulsado por el propio gobierno francés.

«Vivimos en un periodo en el cual se dicen cosas que nunca habrí­amos imaginado decir antes. Muchas de las malas costumbres adoptadas de internet, influyen luego en el debate general», opinó el sociólogo Michel Wieviorka.

Polí­ticos con cargos electivos y politólogos subrayan la distancia que existe entre el tono de campaña y las expectativas de los electores golpeados por la crisis: una tasa de desocupación del 10% (el más alto nivel en 10 años), empresas deslocalizadas, violencia en las escuelas o una reforma de las jubilaciones que preocupa.

Por todo ello, las encuestas pronostican una abstención del 50%, el mayor í­ndice de todas las elecciones regionales anteriores.

«Hay una desarticulación: los temas que deberí­an ser centrales, no lo son», consideró Wieviorka.

Estas elecciones regionales, que se celebrarán este domingo y el siguiente (14 y 21 de marzo), se llevarán a cabo en un contexto «de fragmentación de la sociedad francesa», según el Observatorio Nacional de la Pobreza y la Exclusión Social.

Semanas atrás, el mediador de la República -defensor del pueblo- Jean Paul Delevoye se referí­a a una «sociedad bajo gran tensión nerviosa, como si estuviera cansada psí­quicamente», una sociedad «en el cual el egoí­smo reemplaza a las ganas de vivir juntos».

Y sin embargo, Francia resistió mejor que sus vecinos europeos los embates de la crisis.

«Los franceses están angustiados por la crisis, la pobreza y el desempleo», explicó Brice Teinturier del instituto encuestador SOFRES, pero «evitamos controversias al respecto».

La grieta se acentúa debido al carácter intermedio de los comicios regionales, en los cuales no hay ni proximidad, como para elegir alcaldes, ni apuesta nacional, dicen los politólogos.

«Cuando los individuos no se proyectan en un futuro común, necesitan proyectarse en una figura común (el alcalde o el presidente) y no pueden hacerlo con el presidente de una asamblea regional», explicó Stephane Rozes, presidente del Consejo de Análisis y Perspectivas (CAP).

«Los temas regionales interesan poco, pues se los conoce mal y ello genera un vací­o», destacó el politólogo Philippe Braud.

Sobre todo cuando la derecha y la izquierda están en crisis, el presidente francés Nicolas Sarkozy sigue perdiendo popularidad y la dirección de la oposición socialista carece de credibilidad.