Una leyenda de la mitología griega, ha cautivado desde siempre mi imaginación. La bellísima princesa Pandora, era tan bella, que hasta los dioses les entró celos y dispusieron ponerla a prueba, regalándole una misteriosa caja. Solo que le advirtieron de no abrirla jamás, tentación que Pandora no logró superar y su curiosidad fue más fuerte. Al proceder a destapar la caja –dice la leyenda– emergieron de su fondo todas las grandes aflicciones que aún hoy atormentan al mundo entero. Pero, Pandora… logró cerrar en último instante aquella caja, para no permitir que se escapara la esperanza, sentimiento o valor que nos permite soportar las penas de la vida.
Permítanos hacer una analogía. La bella princesa Pandora es Guatemala y nuestra democracia, es aquella caja, un verdadero tesoro que debimos resguardar, adecuadamente, eligiendo a los más aptos para ejercer el poder. Y en lugar de eso (al abrirla) se han escapado de su interior las peores desgracias, representado por los políticos corruptos y sus acciones viles para enriquecerse con el dinero del pueblo. Para abusar del poder que les dimos.
Haber abierto aquel regalo envenenado, fue haberle entregado a los más descarados políticos (habilidosos manipuladores) nuestros votos, nuestra confianza, nuestro futuro. Pero tampoco supimos vigilarlos: ¡nunca los controlamos! En lugar de eso, hemos dejado que hagan lo que han querido con el país. Y a ellos les sobra “maña”. De esa misteriosa caja, de una democracia añorada, han salido pícaros, malandrines, personas sin escrúpulos, sin una pizca de conciencia ni garantía de cumplimiento a su palabra empeñada. ¡Puros politiqueros! Es raro encontrarse a un hombre decente que haya ejercido el poder o lo esté haciendo actualmente, aunque lo hay.
En todo caso, de esa caja no solo emergieron todas las aflicciones que nos siguen atrapando en este mundo subdesarrollado al que nos enfrentamos, sino también el carácter pusilánime del chapín que no se compromete con nada; que quiere que le den la papa pelada y hecha puré (solo para comérsela) y que va a votar cada cuatro años, pensando que eso es democracia, olvidándose que a los políticos hay que controlarlos, hay que sujetarlos bien para que no se salgan de madre, como los ríos caudalosos de nuestra tierra.
Esa caja de regalo, que debimos aprender a usarla adecuadamente, solo ha permitido que –ni los que la recibieron, ni los que la abrieron– supieran el gran valor que tenía, porque después de haber vivido en los regímenes de terror de los años 70 y 80`s debimos entender que no podemos jamás regresar a esas noches oscuras de tiranuelos.
Esa caja de Pandora chapina, se abrió para dejar escapar a los “transas”, tanto de izquierda como de derecha. Dejó escapar a banqueros corruptos que hicieron quebrar sus instituciones, para no pagar sus deudas; a quienes pervierten los grandes negocios del Estado, a los funcionarios que se creen Jueces de Ventanilla, a juzgadores ineptos, a fiscales incapaces, a diputados terribles y a toda esa laya de personalidades retorcidas que nos tienen sufriendo en un país merecedor de un futuro más promisorio.
Quizás la bella princesa Guatemala, en esta triste leyenda nuestra, no logró terminar de cerrar la tapa de la misteriosa caja que le dieron los dioses mayas, y… no pudo atrapar tampoco a la esperanza. Porque, en cualquier ambiente por donde voy, percibo una cargada sensación de descontento; una profunda insatisfacción entre todos los sectores. Vivimos con la impresión de estar permanentemente a disgusto y en total desagrado por los escándalos que vemos semana a semana en la radio, en la prensa, en la televisión.
¿Hasta cuándo podremos soportar los guatemaltecos la pena de ver nuestro país en este castigo permanente y sin esperanza de cambio? ¿Hasta cuándo, Pandora, permanecerá tu caja abierta?