La cacerí­a


En la columna del jueves pasado comparaba las actividades previas a la segunda vuelta electoral con un partido de futbol tipo chamusca con innumerables juegos sucios.

Héctor Luna Troccoli

A medida que el tiempo transcurre me doy cuenta que también estas actividades tienen mucho de una cacerí­a en donde cuatro cazadores acompañados de sus invitados, a estilo de la vieja Inglaterra, salen atropelladamente al galope, haciendo sonar cuernos y lanzando gritos, a la caza de especies (no animales), que están en las vastas praderas esperando a sus perseguidores, dando brinquitos y vueltas para apantallar, para finalmente caer en las manos de quienes creen los tratarán dulcemente y les perdonarán la vida, sin darles el disparo que a la zorra y en último caso al venado (no del bebible), pone fin a su existencia, aunque, para el caso actual, los ofrecimientos incumplidos sonarán igual que un disparo y matará las ilusiones de muchos por tener privilegios, prebendas, poder, plata y mas…

ílvaro y Rafael, Otto y Ricardo, son quienes van a la cabeza de esta alienante cacerí­a, seguidos de cerca por sus «cercaní­simos» colaboradores que ya tienen asegurado estar al lado del ganador compartiendo el festí­n que siempre viene después de esta extenuante carrera.

Pero volviendo un poco más cerca de nuestra realidad nacional, son evidentes dos cosas: la obsesión de los candidatos por conseguir adeptos y dos: la compulsión también obsesiva de alcaldes recién electos o frustrados, diputados electos, o también frustrados, ex candidatos de todos tamaños y colores, así­ como supuestos dirigentes que dócilmente se acercan hacia el que creen que tiene más posibilidades de ganar con el pretexto de que comparten «principios ideológicos» o los «programas de gobierno», o falacias por el estilo que no sólo dan pena, sino dan asco, porque estas personas arrimadas a última hora creen tener un liderazgo que no es efectivo, van tras un hueso que nunca llegará y encima de eso, creen que el pueblo se tragará sus nuevas mentiras.

Me da repulsión que Guatemala se construya a través de una escenografí­a inmoral en donde no hay planes de gobierno definidos, en donde resurgen esquemas obsoletos como centro derecha o centro izquierda, en donde los candidatos les dicen a todos los que les ofrecen apoyo que harán realidad todos sus sueños, para comprobar, y lo digo en este momento, que dentro de cuatro años, todo seguirá igual o peor.

La forma de conseguir adeptos en Guatemala no cambia. La forma de hacer polí­tica tampoco, aunque ahora con insultos y mentiras a granel para descalificar personas, sin tener respuestas genuinas, y honestas, no a esos seguidores ocasionales e interesados en su bienestar personal, sino a un pueblo que a pesar de los pesares, aún tiene la nobleza que muchos polí­ticos de hoy y el pasado, no han podido eliminar.

Yo les apuesto que el 4 de noviembre, el ausentismo en las urnas será no menor el 50 o quizás hasta el 60% y que quien quede no se rodeará de capacidad y honestidad para gobernar, sino de cuates y correligionarios en donde abundarán corruptos a granel.