Uno tendría que ver con sentido del humor (para no avergonzarse, enojarse o qué sé yo) la ocurrencia del saliente ex vicepresidente de la República, don Eduardo Stein, cuando declara que es conveniente que la CICIG se haga cargo de la estafa del Banco de Comercio. ¿Acaso no es graciosa esa solicitud, o como mínimo ocurrente, a apenas unos días de irse? A estas alturas hasta el más ingenuo se pregunta: ¿Por qué no lo hicieron ellos? ¿Por qué gobernando no hicieron nada para contribuir a resolver los problemas de la delincuencia, el crimen organizado y la inseguridad del país? ¿O es que sí lo hicieron y mi «perceptómetro» y el de la mayoría de ciudadanos no funciona?
Don Eduardo es un tipo muy inteligente, no lo dudo, pero a veces tiene ocurrencias que resultan chistes de mala muerte. Sus declaraciones son, y eso sí hay que agradecérselo, una confesión humilde de lo mal que hicieron las cosas en el tema de seguridad (entre otras cosas). Sus palabras son el reconocimiento de que aquí la justicia es caso imposible. Pero, de nuevo, ¿por qué no hicieron nada para resolverlo? ¿O acaso pensará que la CICIG es el más alto producto de sus cuatro años de gestión?
Está bien la CICIG. Es muy bueno que haya un órgano en donde se pueda garantizar la persecución penal y el castigo para los famosos grupos paralelos y el crimen organizado, pero el país mismo no puede andar con muletas para siempre. Los de la Gana (con don Eduardo incluido) tuvieron la oportunidad de dejar cimentada las bases para un cambio estructural en esa materia, pero no quisieron, no pudieron o quizá todo junto. Entonces, decir ahora (en el último momento) que eso del Banco del Comercio debería ser un caso para la CICIG es como mínimo no tener vergí¼enza y eso es penoso en un personaje que hasta ahora ha encarnado un poco de dignidad y calidad moral.
Otra cosa que está clara y se puede leer entre líneas es que este gobierno decidió (conciente o inconcientemente, aunque esto último lo dudo) dejar impunes a sus cuates banqueros, a la mara de la foto, a los «dizque» empresarios. Y aquí tienen mayor responsabilidad, según mi humilde opinión, la Presidenta del Banco de Guatemala y el Superintendente de Bancos. don Willy Zapata y María Antonieta de Bonilla debieron ser investigados de manera exhaustiva y deducirles responsabilidades, pero lo más evidente desde el inicio fue que se les protegió y se les perdonó sus pequeños «descuidos» en la administración de sus cargos. Incluso don Eduardo Stein puso casi de héroe a Zapata al declarar que más bien él había advertido de las anomalías del Banco, pudiendo ser los resultados (según se puede deducir) peores si él -Zapata- no hubiera intervenido.
Así, el «caso Banco de Comercio» es otro de los tantos pecadillos del gobierno saliente. Si alguien tenía duda de la impunidad con que se cobijó a la mara de la foto, a sus empresarios «exitosos», aquí tiene la prueba. Por eso es ridículo que don Eduardo quiera, a última hora, congraciarse con los pobres estafados del Banco. í‰l tuvo oportunidades en su momento ahora que no venga como político barato a ponerse del lado de los ofendidos.
Veremos qué tan complaciente es la CICIG con los banqueros («et alt» de los mismos grupos) y, más allá de eso, estaremos atentos para ver si Colom se hace el loco con el tema y se vuelve (con ellos) «lento en la cólera y rico en misericordia», como dice el salmo.