La bolsita verde


Lo vi salir de una librerí­a. Habí­a comprado dos textos cuyos autores son famosos en Estados Unidos. Al vernos, nos dimos un abrazo ya que desde hací­a varios años que no nos encontrábamos. Este amigo ha sido un lector asiduo. Le gustan las novelas: policí­acas, de amor, y otros géneros. Pero también lee libros serios y, según sé, de vez en cuando a autores nacionales.

Edwin Marroquí­n Navas

En la mano derecha, bien agarrada, llevaba una bolsa plástica conteniendo los libros. La bolsa identificaba a la editorial, prestigiosa por cierto, donde habí­a comprado los libros. Y en la mano izquierda una bolsita verde vací­a. Entonces al darme la mano soltó la bolsita verde, la cual cayó en la banqueta de entre la 8ª. y 9ª. avenidas, y 12 calle zona 1. La bolsita fue arrastrada por el viento y mi amigo siguió la conversación.

Platicamos un par de minutos, pero yo no dejaba de ver la bolsita verde. Esperaba que en cualquier momento mi contertulio recogiera la bolsita verde. Pero no fue así­. Pasaron cerca de cinco minutos recordando gratos momento en la U. También cuando reporteábamos. Ambos nos preguntamos qué hací­amos en la actualidad, y la bolsita verde moviéndose por el viento.

No aguanté. Recogí­ la bolsita verde y dije a mi cuate que «cómo era posible que saliera de una librerí­a de prestigio, comprara un par de textos de autores famosos, pero que botara la bolsita verde en la banqueta». Déjate de babosadas, dijo, una bolsita más, del color que sea, tirada en el Centro Histórico no le quita ni le pone. De cualquier manera, personalmente no soy de los que lanzan objetos a las banquetas, ni en las carreteras, ni en los parques, ni en ningún lugar.

Y esa actitud les enseñó al Santiago y al Esteban, mis hijos. No lanzar tirar en la calle ni un objeto por pequeño que sea. Siempre he asumido esas actitudes, es más cuanto puedo recojo basura y la deposito en el lugar adecuado.

Esa mañana, con la bolsita verde, no fue la excepción. Por un momento dejé a mi cuate hablando solo y me encaminé hacia donde estaba la bolsita verde. La recogí­, entonces se acercó mi amigo y con una palmada en el hombro derecho me dijo: «Ahora qué vas a hacer». Entonces me encaminé a donde habí­a un bote de basura, por cierto de los pocos que quedaron en el Centro Histórico, y deposité la bolsita verde.

«Hoy me diste una lección», dijo mi cuate el leedor de libros caros y de excelentes autores internacionales. Nos dimos la mano y se largó.