Expresión repudiable, equivalente a la barbarie vienen a ser los tiros al aire. Generados por embrutecidos con armas de fuego. Esto mantiene también de rodillas a la población, sin visos que los salvajes sean controlados y reciban el peso de la justicia. Resulta lamentable el imperio de la impunidad en nuestro medio, de suyo proclive a la violencia.
Este ilícito que redunda en contra de víctimas inocentes, cobra protagonismo a tiempo que las balas por inercia y su efecto mortífero caen sobre seres humanos. Por lo regular en el patio o jardín hogareño, en tanto realizan alguna actividad con motivo de las conmemoraciones de fin de año. Confundido los bárbaros entre el atronar de la pirotecnia contaminante.
Además, censurable y merecedor de poner a buen recaudo a quienes bajo efectos etílicos se creen la mamá de Tarzán sin deponer tal proceder. Desquiciados en definitiva generan la intempestiva muerte de connacionales en el acto. La bala asesina al caer, según la ley de la gravedad, traspasa el techo de lámina de la vivienda y una vida llega a su término.
En medio del asombro de los suyos, que no conciben jamás de los jamases cómo sin qué ni para qué, la existencia de un miembro familiar se extingue. El accionar de sujetos depravados, antisociales y asesinos, amparados en el anonimato o el manto nocturnal hacen fechorías. Sale a relucir de nuevo la irremediable pérdida de valores humanos en el ámbito.
Individuos sin Dios y sin ley proliferan en fechas importantes, mismas celebradas devotamente, cuando no, sumándose a tradiciones afirmadas en el colectivo. El recalcitrante instinto bárbaro adueñado de su persona enferma de espíritu, demuestra la normalidad en búsqueda de saciar con ímpetu maligno su tendencia cruel. La justicia debe caer sobre los malvados.
Si pretenden exhibir absurdamente el execrable machismo, están del todo equivocados, además de hundidos en el crimen abyecto. Expresiones conductuales de estos ejemplos de renglones torcidos, que cometen actos señalados por el índice general. Con certeza y justificación la demanda, rayana en clamores desesperados exigen sean puestos en cintura.
Queda de manifiesto el error de otorgar licencia para portar armas consideradas de defensa personal. Dicha práctica, mal vista, es objeto de castigo al trastocar el término de defensa por el de ataque. Hay necesidad urgente entonces de aplicar medidas severas, a fin de que los delincuentes sigan haciendo de las suyas libremente.
Obligada pregunta surge al instante en torno al candente problema de naturaleza delincuencial a la enésima potencia. De sobra experiencias recurrentes en ascenso maligno indican tan claro que todos coinciden en el señalamiento angustioso siguiente: ¿quién le pone el cascabel al gato? Silencio profundo, disquisiciones diversas, quién sabe.
Hay que admitir, nos pese demasiado, que las páginas cotidianas registran incidentes diversos, en suma contribuyen a definir la presencia tremenda del terrorismo abrumador. Sumatoria de sucesos envolventes hasta decir ya no envolventes hasta decir ya no. Tas un hecho espantoso sobreviene otro y otro, capaces de pintar negros nubarrones que llenan de incertidumbre.
También llegamos a admitir el par de los tiros al aire, consistente en los continuos casos de víctimas inclementes de las balas perdidas. Sacudidas telúricas devenida del estado de ánimo compulsivo hoy en día apoderados de las personas, sobre todo de las de a pie. Aunque los de auto también terminan siendo víctimas de la barbarie constante.
La seguridad y tranquilidad huyeron sin duda alguna, situación convertida en una psicosis a ultranza, consecuencia directa de un sinfín de acciones al margen de la ley. Asimismo ausentes de la deseable justicia pronta y cumplida, existente únicamente en letras muertas. Y mientras tanto la población continúa a la deriva, solo comiendo ansias.