Ahora que estamos en plena coyuntura de una nueva discusión tributaria, bien vale la pena alzar la voz en referencia a los sueldos que se recetan algunos funcionarios, principalmente en las instituciones autónomas del Estado.
Esa fue parte de la amena discusión que se tuvo entre el periodista Carlos Samayoa Anleu, el economista Nicolás Virzi de la Universidad Rafael Landívar y este servidor en un oído programa radial difundido en toda la república a primeras horas del día, el pasado lunes.
Platicamos al respecto de cómo un hábil reportaje de Paola Hurtado, presionó al Procurador de los Derechos Humanos a revelar lo que gana mensualmente y lo que paga de Impuesto Sobre la Renta, y adicionalmente lo que ha recibido en viáticos por concepto de los viajes al exterior.
Bien valdría la pena también hacer ese ejercicio con los magistrados del Tribunal Supremo Electoral, de la Corte Suprema de Justicia, con el Superintendente de Administración Tributaria, el Presidente del Banco de Guatemala y así, con un cúmulo de jerarcas de importantes instituciones del Estado.
Tal y como se concluyó en dicho programa radial, estas acciones de transparencia y franqueza en el manejo de los recursos públicos, quizás no solucionen de tajo las políticas de necesaria austeridad que tiene que llevar a cabo cualquier país civilizado; pero sí constituye una señal de alta moral y de responsabilidad para con quienes pagan impuestos.
Llama la atención que los sueldos de muchos de estos personajes ya estén rondando los Q100,000 al mes. Y si a ello le añadimos el tradicional Bono 14, el aguinaldo, y los ahorritos de viáticos que seguramente quedan al final de cada viaje, estos personajes ganan cifras que rebasan el millón de quetzales al año.
Es así sano que alguna entidad del medio, quizás alguna inteligente Organización No Gubernamental, o un programa cívico de los tantos que alzaron su voz durante la pasada gestión gubernamental, no bajen guardia, y contribuyan por lo menos a parar esos abusos, en virtud de que tales zorros aprovechan la oscuridad del punto para engrosar la billetera.
Para una gran mayoría de la población, que se ocupa por ganar el sustento diario, le parecen muy esotéricas, por ejemplo, las más recientes pérdidas operativas del Banco de Guatemala, que ascienden, dicho sea de paso, a los Q 1,000 millones. La ciudadanía no tiene tiempo de discutir lo que acontece en tan perfumado ambiente, pero sí duele saber que tanto allí como en otros lares no se lleve a cabo ni el más mínimo esfuerzo de austeridad.
Ante ello, los propios sindicatos públicos, y sus confederaciones, han arremetido con la puja por sendos pactos colectivos, siendo entonces el Servicio Civil guatemalteco una verdadera Caja de Pandora, que es soportada por el sacrificado contribuyente, al que dentro de poco se le pedirá una mayor contribución impositiva, como parte de un paquete tributario al que se le viene jalando la carreta desde hace más de un quinquenio.
Vivimos en una carrera desenfrenada por atesorar, y la cultura del oportunismo ha invadido y permeado el ambiente de los negocios; y eso también se respira en quienes llegan casi por asalto a diversas poltronas oficiales. Es así como, si se quiere forjar la cultura tributaria del guatemalteco, este tema debe abordarse, necesariamente, y los ejemplos de acciones concretas serían un ingrediente que abone una mayor comprensión del contribuyente. ¿Quién le pone entonces, el cascabel al gato?