Aquí y en casi todas partes del mundo el ejercicio del periodismo, en particular el que se realiza en el campo independiente, es un riesgo porque los enemigos de la verdad (muchos políticos, funcionarios públicos, empresarios, entre otra gente de algún poderío, intolerantes y violentas) reaccionan como intocables. No están “aclimatados” en la democracia. Puede decirse que parecen ser resabios de las oprobiosas dictaduras.
En nuestro país ha habido en todas las épocas innúmeros asesinatos de hombres y mujeres de prensa de las diversas jerarquías: directores de periódicos, de noticieros de la radio, de la televisión, reporteros y columnistas que han sacado a relucir hechos de corrupción, crímenes, robos en las arcas nacionales y municipales, convenios lesivos a los intereses de la nación, contrabando de mercaderías de toda clase, etcétera.
La Constitución Política de la República y, específicamente, la Ley de Emisión del Pensamiento, que está revestida de constitucionalidad, son claras en cuanto a la libertad de prensa, término este que incluye todos los medios de comunicación escritos, radiales y televisados.
Para defender los fueros de la prensa fue fundada a mediados del siglo anterior la Asociación de Periodistas de Guatemala; además, por supuesto, de procurar una economía personal proyectada también al interés de los hogares, tanto es así que en el correr del tiempo fue creado el Instituto de Previsión Social del Periodista, que viene siendo algo así como una tabla de salvación en alta mar para la comunidad de afiliados, a los que otorga beneficios que les posibilitan los satisfactores indispensables en la vida. ¡Y tiene apoyo de instituciones internacionales!
Actualmente, la APG centra la atención, con mucho celo y coraje, en la libertad de expresión que, a pesar de las buenas intenciones expresadas en acta firmada por el general Otto Pérez Molina, cuando ya para asumir las funciones presidenciales visitó la máxima entidad de prensa, hay funcionarios que ven de jerga la libertad de expresión de los periodistas y de todos los ciudadanos. Esos pisoteos ofenden a las entidades de la prensa nacional y, a la vez, al pueblo que requiere apoyo de los medios de comunicación en sus causas justas.
El elemento de prensa, cabe decir, “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
La APG en el transcurso de siete décadas de actividades ha merecido el reconocimiento del pueblo, al que atiende con fraternal voluntad y respeto, así como con la oportunidad que demandan las circunstancias.
En algunos gobiernos surgidos en no lejanos días constitucional o inconstitucionalmente, cayeron decenas de colegas en las ensangrentadas manos de esbirros. Los torturaron, y las balas asesinas segaban sus vidas. Los tribunales de justicia (¿…?) únicamente levantaban actas en los macabros escenarios sin investigar los casos.
Los elementos del incomprendido Cuarto Poder y, asimismo, todos los demás ciudadanos, debemos batallar sin tregua para lograr que los individuos que se creen intangibles respeten la libertad de expresión en vez de pisotearla a sabor y antojo.
Dicha libertad tiene plena vigencia y es acatada en otros países más civilizados. Su violación es punible.
Debe entenderse, señores colocados de posaderas ante la ley que, incluso, puede favorecerlos en un momento dado, al ser víctimas de excesos de quienes creen ser poderosos…
También debe entenderse que los órganos de la prensa no inventan lo que publican profesionalmente provocando escozor, rabietas y atrocidades de las personas que se consideran aludidas, sino son sus propios hechos pecaminosos los “culpables”…
De manera, pues, que la libertad de expresión es beneficiosa para toda sociedad y, por consiguiente, sus preceptos deben ser respetados ¡sin excusas ni pretextos! ¿Entendidos?