Uno de los acontecimientos políticos de mayor trascendencia de las últimas semanas es, sin duda, la determinación que el presidente, ílvaro Colom, anunció el pasado lunes de ordenar la apertura de todos los archivos del Ejército para que, de una vez por todas, se conozca la verdad de lo ocurrido durante la guerra interna de alrededor de 40 años que sumió al país en un infierno dantesco con innumerables atropellos a los derechos humanos.
En el marco de la conmemoración del Día de la Dignidad de las Víctimas del llamado conflicto armado interno, el gobernante reveló que existe la voluntad de su gobierno por hacer públicos los archivos militares.
Esta decisión ha sido bien comentada no sólo dentro del país, sino a nivel de las esferas internacionales, pues será un peldaño más para avanzar en los esfuerzos a efecto que se conozcan las interioridades de la tragedia que envolvió a miles y miles de guatemaltecos al grado que se cometieron los peores crímenes de lesa humanidad, así como actos de genocidio, como resultado de la intolerancia y la exclusión política, que caracterizaron la larga noche triste de barbarie desde 1954 hasta 1996 cuando se firmaron los Acuerdos de Paz entre el gobierno y los comandantes de la guerrilla izquierdista.
No se puede pasar por alto que el baño de sangre, que cubrió a personas de todos los grupos y condiciones sociales, tuvo muchas causas, entre ellas la política de sumisión que los sucesivos gobiernos anticomunistas que hubo luego del período de 10 años de la Revolución de Octubre asumieron ante el imperio del norte que organizó, financió y llevó a cabo la invasión armada contra Guatemala en 1954. De esta manera, derribaron al régimen democrático del presidente Jacobo Arbenz Guzmán, que por tratar de conducir al país por los caminos de respeto a la soberanía e independencia nacional fue tildado de comunista.
El informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico señala que el saldo de la guerra interna fue de más de 200 mil personas muertas o desaparecidas, entre ellas el tío del actual Presidente de Guatemala, el entonces máximo líder de la oposición política, doctor Manuel Colom Argueta, a quien la historia recuerda como el mejor Alcalde de la ciudad de Guatemala. Aunque diversos sectores comparten el entusiasmo del Presidente por la apertura de los archivos militares, sinceramente creemos que la información más valiosa ya no está en esos lugares, pues los altos mandos castrenses han estado en la primera fila de la vida nacional y no iban a ser tan papos como para mantener intacta documentación que pudiera incriminarlos a ellos o a sus compañeros de armas.