El 10 de marzo, pero de 1543, se celebró el primer Cabildo de la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en lo que hoy día es el parque central de La Antigua. La mayoría de los concejales eran conquistadores, esto es, que habían participado en las guerras y proceso de conquista.
Un año y medio antes, la que por 15 años venía siendo la orgullosa ciudad de Guatemala había sido sepultada por un colosal alud de lodo y piedras que bajó por las laderas del que, a partir de entonces, se empezó a conocer como volcán de Agua. Habiendo sido destruida la entonces capital del reino el 11 de septiembre de 1541 los pobladores debían decidir un lugar donde construir la nueva ciudad. Se suponía que habrían de buscar un sitio distante para alejarse de los riesgos del dominante volcán de Agua y de los de Fuego y Acatenango que estaban enfrente. Pero no; después de breve análisis optaron por el lugar que hoy ocupa La Antigua, a una legua del asentamiento anterior e, irónicamente, en las faldas del mismo volcán. Todo indica que los señores no querían estar lejos de los valiosos terrenos que gracias a su enorme esfuerzo les habían sido adjudicados o acaso alguna fascinación con los volcanes (al punto que los incluimos en los escudos nacionales y regionales).
Por eso el asiento de la capital se confirmó en el Valle de Panchoy. Para marcar distancias a la ciudad siniestrada se le empezó a denominar la “Ciudad Vieja” nombre que le fue quedando al día de hoy. Era importante consolidar que la única titular del nombre “Guatemala” era la ciudad que se empezaba a construir con trazos de tablero de ajedrez, calles rectilíneas, tiradas a cordel de norte a sur y de este a oeste. El punto de partida fue la plaza de armas o parque central en donde se instalaron y representaron los principales poderes: al más importante, el de Dios se le reservaba el este, punto cardinal por donde sale el sol, esto es, la luz. Allí se reservó el espacio para la catedral. Al norte se designó el espacio para las construcciones del rey, al sur el poder local, el Ayuntamiento y al oeste el poder local de los comerciantes.
Esta ciudad habría de permanecer como capital hasta 1773, pero también le llegó su turno en la desgracia. Terremotos y nueva destrucción y nuevo traslado. Finalmente se escogió el Valle de La Ermita o de Las Vacas (obviamente eran unos pastizales). Este último traslado fue acremente discutido entre los que querían quedarse en Panchoy y los traslacionistas. Para zanjar dudas y dejar en claro la decisión de don Martín de Mayorga, en 1775 ya se conocía en textos oficiales como “La Nueva Guatemala” y a la anterior como “La Antigua Guatemala”, nombre que hoy día subsiste.
Es curioso el caso de Guatemala, no por el hecho de que se hayan hecho traslados de la ciudad capital. Esto ha sucedido en otras latitudes. Lo interesante es que con cada traslado se “llevaban” el nombre. La “primera” Guatemala fue en Tecpán Guatemala y cuando la abandonaron quedó con su nombre original: Iximché; la segunda ciudad, quedó como Ciudad Vieja, la tercera ciudad igualmente despojada quedó como La Antigua Guatemala.
Hoy La Antigua es un secreto tapizado por el empedrado de sus calles y cobijado por los muros celosos de sus recuerdos. En sus amplias ventanas se escuchan aún conversaciones en castellano antiguo con acentos extremeños y las ruinas nos recuerdan las fuerzas de la naturaleza y lo efímero de la existencia, en todo caso son mudos testigos que el tiempo ha querido perdonar. La Antigua es un tesoro confiado a los guatemaltecos que debemos hacer algo más por protegerla.