LA ALHAMBRA


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Estar en la Alhambra es como llegar al final de uno de esos bellos y fascinantes cuentos orientales. Personajes como el Sultán, el Visir, el Efrit, el Emir, el Príncipe, el Embajador, el Jeque, el Mercader, parece que volvieran a deslizarse en noches de luna por los palacios, las fuentes y los jardines.

Mario Gilberto González R.

Se reavivan en la mente, las aventuras amorosas del príncipe tras la enamorada después de vencer pruebas y aventuras peligrosas. O las del Sultán en su Harén. La magia y el encanto de la Alhambra hay que vivirlos. Se vive intensamente con el ánimo en reposo y el paso lento. Cada estancia llena nuestro mundo de sueños y fantasías, sin importar edad ni condición.

 La Alhambra se ve con los ojos físicos pero se contempla con los del espíritu. En la medida que se recorren sus palacios, mejor si lo es asido de la mano de Daraxa-Lindajara, la fantasía se hace realidad. La Alhambra fue mandada a construir por Muhammad ibn al-Ahmar ibn Nasr. En 1246 consolidó el reino del Al-Andalus, al sur de la Península Ibérica, desde Almería hasta Gibraltar con Capital en Granada.

 Se levanta sobre el cerro de la Sabika. Tiene la forma de un navío. En la proa está la Alcazaba que es la fortaleza militar que protege a la Alhambra, que es a la vez una ciudad. Una muralla con más de treinta torres la circunda. No tiene fachada propia, pero se accede a ella por puertas emblemáticas. Por ejemplo, por la Puerta de la Justicia. La Mano Abierta y la Llave con Borla, son dos símbolos importantes.

La Mano representa los cinco preceptos fundamentales del Islám: la creencia de un solo Dios, la oración cinco veces al día, la limosna o el impuesto religioso, el ayuno o Ramadán y la peregrinación a la Meca una vez en la vida. La llave es el blasón de los reyes Nazaríes. La del Vino es otra de las puertas de acceso y por donde se mercadeaba el caldo de la uva.

En la Alcazaba estaban las instalaciones castrenses. La Plaza de Armas, la Plaza de los Aljibes –que son los grandes depósitos de agua-. La vigilia se dominaba desde sus altas torres: La de la Vela, la del Homenaje, de la Pólvora, de la Sultana, Torre y Puerta de las Armas y los Jardines del Adarve

Los Alcázares Reales o Palacios Nazaríes son impresionantes. Hay que ser buen observador para no perderse uno sólo de sus detalles que son, precisamente su expresión artística, poética y religiosa de su encantamiento que la hacen fascinante y única. Lo conforman tres bellos palacios: Mexuar, Comares y el Patio de los Leones. En cada uno hay que apreciar el manejo de la madera, el yeso, el mármol, el azulejo, los fustes y los capiteles.

Así como las celosías, los arabescos y la epigrafía árabe que a la vez sirve de armonioso adorno. Se repite en todo el palacio: “Sólo Dios es vencedor” Son dignos de apreciar: el patio de Machuca, la Sala de Mexuar, el Patio y el Cuarto de Mexuar y especialmente la fachada del Palacio de Comares, por su fina y delicada decoración que embelesa. Dos puertas rectangulares y dos ventanas dobles con su arco de herradura, dan acceso al impresionante Salón de Embajadores.

Los Embajadores quedaban sorprendidos de su encanto y era a la vez un mensaje de poderío. Desde las celosías la vigilancia daba seguridad. Y en todo el entorno y durante todo el día, el sol alumbra mensajes del Corán. En este Palacio sobresalen: el Patio de los Arrayanes, la Torre de Comares, la Sala de la Barca y el Salón de los Embajadores.

El agua que le da vida a la Alhambra y que corre escondida entre sus paredes y que brota en surtidores por gravedad, que se desliza entre los jardines por escaleras o reposa con mansedumbre en las fuentes, es un elemento esencial que la embellece. Sus acueductos subterráneos y dentro de las paredes, es uno de sus secretos bien guardados. El poeta sevillano Manuel Machado, describió a la Alhambra con cuatro palabras: “Agua oculta que llora”.

En el Patio de los Arrayanes se armonizan el cielo, la tierra y el agua. Al pie de la Torre de Comares está un espejo de agua en reposo que refleja con serenidad la mole de la torre y la fachada de siete arcos. Se percibe un ambiente de profunda paz. Esta bellísima estampa sirvió de inspiración para el monumental mausoleo en la India, llamado el Taj Mahal.

 El Salón de Embajadores deslumbra por la fantasía de su delicada decoración. Concentra todo el esplendor de la refinada y armoniosa arquitectura árabe que le da ese encantamiento singular y artístico de una fantasía alucinante. Su fachada impresionaba a los Embajadores y su interior los dejaba embelesados. Y es que no hay espacio donde la filigrana de su adorno evada observarla y admirarla. Con la decoración se conjuga la luz y los mensajes durante todo el día y las cuatro estaciones del año. La contemplación de este Salón, fácilmente puede hacer perder la noción del tiempo.

Por la puerta de los Arrayanes, se accede a las estancias privadas del Sultán, que a la vez, fue sede de sus actividades diplomáticas y políticas del reino. Se le conoce como el Patio de los Leones. A su alrededor están: las Salas de los Reyes, de dos Hermanas, de los Abencerrajes, el Patio del Harén. Los Baños y el Aljibe, el Patio y el Mirador de Daraxa-Lindajara.

El Patio de los Leones, tiene un particular encantamiento. Los fustes de diversos diámetros, los capiteles delicadamente adornados así como los espacios entre pilastra y pilastra llenos de rombos calados, junto con el signo Nazarí “Sólo Allah es Vencedor” que se repite en todo el derredor, sobre sus arcos de herradura y doce leones que sostienen una tasa de mármol junto al delicado susurro del agua que brota de sus bocas y llega a una fuente, hechizan y uno se siente transportado a otra dimensión.

 La primera vez que lo contemplé emocionado, tuve que pellizcarme para confirmar que no era un sueño sino que vivía una realidad. Esa estampa la guardaba desde mis estudios de primaria. El libro de texto de sexto grado de primaria, la traía como expresión de una maravilla de la arquitectura árabe. Y no pude ocultar mi emoción cuando estuve en ese patio, rodeado de columnas y contemplando absorto la fuente de los leones, que tanta ilusión me hacía conocerla. Es además una estampa emblemática de la Alhambra. De la boca de cada león brota el agua que corre por una canal a una fuente. Doce leones de mármol sostienen la tasa que contiene una leyenda que, para muchos pasa inadvertida. Se inicia con este mensaje: “Bendito sea aquél que concedió al Imám Mahammad mansiones embellecidas con espléndidos adornos…”

Cada estancia, es digna de apreciación particular porque su decoración es diferente una de la otra. La Sala de los Reyes, sorprende porque cada arco parece un conjunto de cortinas, delicadamente elaboradas y las cúpulas siguen el mismo estilo sin dejar un espacio sin decorar.

Toda esta belleza arquitectónica se complementa con los jardines del Generalife. Era la estancia de descanso del Sultán. Una variedad de flores a cuales más delicadas y bellas, pinos y olmos centenarios y fuentes con surtidores y en reposo, ofrecían ese ambiente de silencio y tranquilidad. Era la estación del Sultán en el verano.

 El agua es un elemento vital y decorativo en la Alhambra. Sus canales secretos permiten que jamás falte y cuando fluye, lo hace tan delicadamente que es parte esencial de su decoración. Escaleras de agua, estanques que reflejan el cielo y los monumentos y en cantarinos surtidores que con su chasquito rompen el silencio.

 Quien visita la Alambra, queda prendido de su encanto y es difícil no expresarlo, máxime si es poeta, escritor, pintor o músico. María Luisa Loynaz, cubana, la vivió de esta manera:

 “La Alhambra tiene salas de oro y grana, paredes recaladas como encajes y fuentes de mármoles raros donde suena el agua verde, La Fuente de los Leones en la más linda de todas. También tiene un patio sembrado de arrayanes y un gran estanque donde nadan pececitos de color morado; solo aquí he visto peces de ese color. En el jardín de Lindaraja, la favorita de pies blancos, crecen rosales con rosas blancas y amarillas; y naranjos con doradas naranjas olorosas. En el tazón de alabastro sigue goteando el agua sabe que los cristianos están cerca… al caer la noche los aromáticos arrayanes llenan el aire de pesados olores y los peces brillan en el estanque a modo de un collar de amatista en un estuche de terciopelo negro…”

 Sus palacios fascinan por su delicada arquitectura. Sus paredes son un libro abierto a la poesía y la alabanza. Sus jardines y sus fuentes, diseñadas con delicada armonía con la estética y la naturaleza, son un lugar precioso para soñar despierto.

 Carlos V quiso sentar sus reales junto a ese bello monumento y mandó a construir un palacio de planta cuadrada en el exterior y circular en el interior. Está inmediato al Palacio Nazarí. Sobresalen los mascarones de leones y en especial, el escudo de la Aguila Bicéfala en señal de dominación.

. Esa magia. Ese encanto. Esa fantasía inspiraron a Irvin Washington a escribir sus Cuentos de la Alambra y el Legado Andalusí expresa los secretos de esa maravilla de la arquitectura árabe que llega a nuestros días, como evocación de una rica cultura que influyó tanto en el devenir de los pueblos.

Durante la reconquista, la Alhambra estuvo sitiada por largos cinco años. Los Reyes Católicos, tuvieron su Corte en la ciudad de Santa Fe, donde la Reina Isabel firmó a favor de Cristóbal Colón, las Capitulaciones de Santa Fe, que fue la autorización real para emprender su hazaña y descubrir el Nuevo Mundo.

 Al rendirse por fin el Rey Boabdil y contemplar por última vez, con sus ojos bañados de lágrimas a su amada Alhambra, Ayxa –su madre- le dijo un reproche que es repetido con frecuencia. “No llores como mujer lo que no defendiste como hombre.”