Kika Garcés, entre el mar y el cielo


La artista Kika Garcés de Marcilla inauguró esta semana la exposición «Lo que nace entre el mar y el cielo», una serie de pinturas con técnica de óleo y acrí­lico, la cual estará en exhibición en la Galerí­a Ana Lucí­a Gómez -Arte Latinoamericano- (16 calle 7-30 zona 14), hasta el fin de año.

Mario Cordero ívila
mcordero@lahora.com.gt

«Lo que nace entre el mar y el cielo» es una expresión que abarca tanto. En realidad, el mundo que percibimos cabe dentro de estos amplios lí­mites. Sin embargo, según Garcés, no se trata solamente de todas las cosas, sino, más bien, de los sentimientos que hay en el mundo.

«Esta serie es el nacimiento de un poeta, entre las profundidades del mar y el cielo, desenvolviéndose siempre entre las olas y el tormento de sentir intensidad en sus emociones, pensamientos e inspiraciones, los cuales lo llevan a la libertad de llegar a la cima. Alcanzando una calma en lo más profundo de un espacio eterno, inmóvil en el tiempo donde descubre una pasión enfurecida de amar lo desconocido. Aterrado de entregarse por completo a un mundo incierto, donde nunca se deja de sentir su presencia oscura a través de sus distintos colores. Recorrió caminos de luces y de sombras, de mares o de lunas. Cruzó la lí­nea entre morir y nacer, encontrando distancia fí­sica, y cercaní­a espiritual. Siempre permanece inalterable, en sí­ mismo. La enseñanza que se desprende del arte de la madurez», refiere Garcés.

La pintora procede de una experiencia inicial de ser diseñadora gráfica. Sin embargo, esta tendencia se aleja de la técnica de esta disciplina, y se permite expresarse de una forma distinta. Tras algunos cursos sobre arte, se ha involucrado en varias exposiciones, siendo esta una que ha preparado durante mucho tiempo.

Una de las razones por la que la exposición hace referencia al cielo y al mar, es por la experiencia de la artista al realizar paracaidismo, así­ como la de hacer buceo. Ambas experiencias, aunque se realicen en los extremos de nuestro mundo, tienen en común que ambas se realizan en el vací­o.

De esa misma forma, Garcés da inicio a su experiencia artí­stica en el vací­o de un lienzo en blanco. Según refiere, comienza una nueva obra sin tener idea de qué es lo que va a hacer. Va probando y probando hasta que logra que lo plasmado se identifique con un sentimiento que tiene dentro.

Además, otro aspecto de su creación, según Garcés, es que una obra culminada es como jugar al totito con Dios, es decir, que es un proceso como de turnos para comunicarse. «Mi obra expresa una comunicación con Dios», dice.

De esa manera, empieza a actuar con el lienzo en blanco, sin tener un boceto o una paleta de colores definida; pinta y pinta hasta que encuentra una idea valiosa. En ese punto, sabe qué es lo que el lienzo quiere tener plasmado y solo sigue la lí­nea trazada.

Tanto la experiencia de pintar, como la del paracaidismo y el buceo, las comparas Garcés con la de tener a su hija; aunque parezcan incompatibles las ideas, refiere que todas tienen en común que son actividades muy intensas, de las cuales es posible que no se sepa nada del futuro.

«Me encanta no saber», dice Garcés, al referir este sentimiento, sobre todo en sus obras, al indicar que no es su técnica el de tener un planteamiento previo, sino el de ver cuál es el producto final.

A pesar de no tener un plan prediseñado, Garcés sí­ reconoce que en esta colección hay un predominio de colores, como el morado y, en menor medida, el rojo. En cuanto al primero, la pintora se satisface en decir que el morado es un color de transición, y ello considera que es una de las ideas que quiere transmitir.

Al ver el resultado final, el espectador no debe buscar y rebuscar alguna figura conocida. Estas pinturas no son realistas, ni intentan comunicar algo a través de objetos definidos. Más bien, expresan estados de ánimo muy intensos.