El ex líder político de los serbobosnios, Radovan Karadzic, acusado de genocidio, se defenderá a sí mismo ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) para la ex Yugoslavia, de igual forma que lo hizo su aliado Slobodan Milosevic, antes de fallecer en su celda en La Haya.

«Karadzic tendrá un equipo de juristas en Serbia que lo ayudará, pero se defenderá a sí mismo ante el TPI», anunció hoy a la agencia serbia Tanjug su abogado, Svetozar Vujacic.
El antiguo líder serbobosnio era un gran aliado del ex presidente serbio Slobodan Milosevic, quien murió en la cárcel en marzo de 2006, antes de que el TPI culminara el proceso en su contra.
Pese a que nunca reconoció la legalidad de la Corte Internacional, Milosevic, acusado de genocidio y crímenes de guerra y contra la humanidad, eligió defenderse a sí mismo.
Karadzic, detenido el lunes en Belgrado después de haber estado prófugo durante 13 años, intentaba hoy ganar tiempo para retrasar su extradición a La Haya.
Prueba de ello, Vujacic informó que presentará un recurso contra el traslado de Karadzic el próximo viernes, último día del plazo previsto por la ley.
«Presentaré el recurso el viernes. No creo que sea aceptado, pero alterará sus planes de transferirlo», afirmó su abogado.
En virtud de la ley de cooperación entre Serbia y el TPI, los sospechosos pueden apelar contra su traslado a La Haya antes de que sea aprobado por el comité correspondiente. Una vez interpuesto el recurso, los jueces tienen tres días para pronunciarse.
El letrado estimó que su cliente no será transferido al TPI «antes de finales de la semana que viene», puesto que, técnicamente, este recurso puede alargar el proceso hasta nueve días.
No obstante, la fiscalía encargada de crímenes de guerra en Serbia prevé que Karadzic sea enviado ante la corte el lunes o el martes, como muy tarde.
Después de reunirse con su cliente, Vujacic declaró hoy que éste se encuentra en «excelente forma».
«Tiene muy buen aspecto, se ha cortado el pelo, afeitado la barba y está en excelente forma», describió el letrado.
«Ha recuperado el aspecto que tenía hace 13 años. Se siente muy combativo y está ansioso de empezar su lucha».
En el momento de su arresto, Karadzic presentaba un aspecto irreconocible, flaco, con espesa barba y largos cabellos blancos.
El ex líder político de los serbobosnios está acusado de la matanza de Srebrenica, en julio de 1995, en la que las fuerzas serbias masacraron a unos 8 mil varones bosnios musulmanes. También se le imputa el sitio de Sarajevo, que duró 43 meses y se cobró la vida de más de 10 mil civiles.
Después de ser inculpado por el TPI, en 1995, Karadzic desapareció sin dejar rastro durante 13 años. Perdió el contacto con su esposa, Ljiljana Zelen-Karadzic, su hija Sonja y su hijo Sasa.
Ahora, el detenido, de 63 años, insiste en ver a su familia antes de ser trasladado a La Haya.
Su hermano Luka pidió a Miroslav Lajcak, Alto Representante de la Comunidad Internacional en Bosnia, que permita a la familia Karadzic, cuyos pasaportes fueron confiscados en enero, viajar a Belgrado desde Bosnia.
El primer ministro de la Republika Srpska (entidad serbia de Bosnia), Milorad Dodik, solicitó también a Lajcak que «autorice» la visita de los allegados.
«Los motivos para impedir a la familia Karadzic que abandone Bosnia han desaparecido (con el arresto de Radovan)», declaró Dodik.
El arresto de Karadzic, uno de los fugitivos más buscados de mundo, valió a Serbia las felicitaciones de la Unión Europea, Estados Unidos y el conjunto de la comunidad internacional.
Su captura era una de las condiciones para que Serbia pudiera aspirar a formar parte de la Unión Europea (UE). Ahora, las autoridades de Belgrado esperan un gesto positivo de Bruselas.
Hoy, la prensa internacional seguía comentando la sorprendente transformación física de Karadzic, que había logrado engañar a todo su entorno y vivía últimamente en Belgrado, con una mujer de unos 40 años, identificada por la prensa como Mila.
El prófugo utilizaba papeles falsos bajo el nombre de Dragan Dabic, y practicaba la medicina alternativa como psiquiatra, profesión que desempeñó antes de lanzarse a la política.
La detención de uno de sus principales prófugos, el ex jefe político de los serbios de Bosnia, Radovan Karadzic, infunde un nuevo aliento al Tribunal Penal Internacional (TPI) para la ex Yugoslavia, cuyo cierre está previsto para 2010.
«Esta detención demuestra que la tenacidad tiene su recompensa», estimó ayer Ana Uzelac, que sigue el trabajo del TPI para la ONG Impunity Watch.
«Es un mensaje muy importante. No sólo el fiscal (Serge) Brammertz, pero también (su predecesora hasta el 31 de diciembre) Carla Del Ponte han trabajado sin cesar», manifestó. Esto «infunde el aliento que el tribunal necesitaba».
«Es importante juzgar a los líderes, no sólo a las personas de bajo rango. Lo que importa es concentrarse en la cúpula y esto es lo que durante mucho tiempo ha supuesto un problema», subrayó la experta en justicia internacional Heikelina Verrijn-Sturat.
El TPI ha recibido muchas críticas, principalmente tras la muerte en marzo de 2006 de su principal acusado, el ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, antes de la conclusión de lo que era el proceso más importante.
«Es el golpe más fuerte del tribunal tras la muerte de Milosevic (…) y una sorpresa también que Serbia le haya arrestado», estimó por su parte Cedric Ryngaert, profesor de Derecho en la universidad de Utrecht (centro).
Fundado en 1993 por el Consejo de Seguridad de la ONU para juzgar a los responsables de las graves violaciones del derecho internacional humanitario cometidas en la ex Yugoslavia, el TPI había sido considerado al principio como un medio para calmar las opiniones públicas occidentales sobre los horrores de la guerra de Bosnia (1992-1995).
A pesar de las dudas, el tribunal se ha ido imponiendo progresivamente sobre todo tras la creación de la Corte Penal Internacional (CPI), primera jurisdicción permanente encargada de juzgar crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidios.
En un primer momento el fiscal inculpaba solamente a personas de bajo rango, pero, tras las masacres de Srebrenica en 1995, dio una nueva vuelta de tuerca. Radovan Karadzic y su alter ego militar Ratko Mladic fueron acusados de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad.
En 1999, le llegó el turno a Slobodan Milosevic. Por primera vez, un jefe de Estado debía responder de sus actos ante una jurisdicción internacional.
La apertura de su caso, el 12 de febrero de 2002, fue un momento de gloria para el tribunal, pero también figura como una de las páginas más sombrías: el acusado murió en prisión el 11 de marzo de 2006 de un paro cardíaco, antes de que acabaran las audiencias, cuya duración (más de cuatro años) y opacidad desviaron la atención de los medios y del público.
La fuga prolongada de Karadzic y Mladic hacía dudar a numerosos observadores internacionales que llegasen algún día a ser juzgados.
Se habían convertido en «el símbolo de la no cooperación de los serbios», dijo Verrijn-Stuart, recordando las «innumerables veces que los fiscales fueron a Belgrado, donde el gobierno les prometía hacer algo y no sucedía nada».
Sin embargo el TPI siguió funcionando a pleno gas. En este momento, se han concluido procesos contra 114 personas y se han pronunciado 55 sentencias definitivas. Todavía quedan abiertos casos contra 47 personas de las que dos están en fuga.
Está previsto que el TPI termine sus procesos de primera instancia en 2008 y los de apelación en 2010, pero esto «sólo implica a los individuos detenidos por el tribunal en el momento en el que (las fechas) fueron definidas», recordó un portavoz del tribunal.
La detención de Karadzic «tendrá consecuencias. La comunidad internacional no puede abandonar al TPI, porque ha sido creado exactamente para juzgar a este tipo de personas», avanzó Uzelac.