Irán anunció hoy que los empleados locales de la embajada británica detenidos por su presunta implicación en las protestas contra la reelección de Mahmud Ahmadinejad serían juzgados, lo que provocó que los países de la Unión Europea convocaran a los embajadores iraníes.
«En esos incidentes, su embajada estaba presente, algunas personas fueron detenidas. Naturalmente serán juzgadas, han hecho confesiones», afirmó el jefe del Consejo de los Guardianes de la Constitución, Ahmad Jannati.
Nueve empleados locales de la embajada británica habían sido detenidos el 28 de junio luego de las manifestaciones contra la reelección del ultraconservador Ahmadinejad en los comicios del 12 de junio. Según el Gobierno británico, dos de ellos todavía están encarcelados.
Jannati no precisó cuántos empleados serían procesados.
Las autoridades iraníes acusaron a la embajada británica de haber enviado a esos empleados a participar en las manifestaciones para fomentar disturbios, lo que Londres desmintió.
El Gobierno británico reaccionó de inmediato a la noticia.
«Estamos preocupados y estamos verificando estas informaciones», dijo una portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores. «Nuestra prioridad absoluta es obtener la liberación de todos los empleados (locales) de la embajada», agregó.
«Las afirmaciones según las cuales nuestro personal fomentaba disturbios carecen absolutamente de fundamento», añadió. «Vamos a buscar de manera urgente una explicación por parte de los iraníes», agregó.
A su vez, los países de la Unión Europea (UE) decidieron convocar a los embajadores iraníes en sus capitales, informaron fuentes diplomáticas.
Algunos países ya convocaron a los diplomáticos iraníes durante la jornada de hoy y otros lo harán en breve, señalaron las fuentes.
«La próxima semana, volverán a estudiar el asunto y si es necesario, abordarán otras medidas» contra Irán, agregaron.
Las acusaciones de fraude y la oposición a la reelección del presidente Ahmadinejad provocaron una serie de protestas, inéditas desde la revolución de 1979, que dejaron 20 muertos y centenares de heridos.
El mes pasado, el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Manushehr Motaki, anunció que Teherán consideraba reducir el nivel de sus relaciones con Gran Bretaña, después de que cada uno de ellos echara a dos diplomáticos del otro país.
Irán también expulsó al corresponsal de la BBC y detuvo a un periodista griego-británico.
Las raíces de esta desconfianza mutua se remontan a los principios del siglo XIX, cuando Irán, que entonces era Persia, era objeto de una pelea colonial entre Rusia y Gran Bretaña.
En 1953, el primer ministro Mohamad Mosadegh, que había nacionalizado la industria petrolera, entonces bajo dominio británico, fue derrocado por un golpe organizado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense, con la ayuda de Gran Bretaña.
La embajada británica en Teherán se clausuró en 1980 después de que las fuerzas de seguridad especiales británicas atacaron la embajada iraní en Londres para poner fin a una toma de rehenes.
En 1989, la fatua del líder de la revolución iraní, el ayatolá Ruholá Jomeini, contra el escritor británico Salman Rushdie, marcó un nuevo momento de tensión entre los dos países, que reanudaron sus relaciones diplomáticas en 1999 solamente.
Gran Bretaña es también uno de los más férreos oponentes al programa nuclear iraní. Tanto Londres como Washington afirman que Irán trata de conseguir el arma nuclear, una acusación rechazada por Teherán.