La semana pasada me referí al entorno de violencia al que la juventud se enfrenta y que, muchas veces, las muertes de jóvenes son ignoradas por la sociedad debido al estigma de que, un joven muerto, si no era pandillero algo habrá hecho.
Ahora es pertinente analizar la situación socioeconómica de la juventud, y la atención que el Estado brinda a las personas entre 15 y 29 años que son un 30%% del total de habitantes de nuestro país, para entender las causas de la violencia.
Para empezar, los niveles de desnutrición están en alza. De esta manera, la niñez -esperanza para nuestro país-, no está en capacidad de desarrollar todas sus habilidades físicas y mentales. Este año se reportaron más de 6 mil comunidades con algún nivel de desnutrición. Según un estudio de la CEPAL, en 2004 la desnutrición dejó como saldo más de 82 mil estudiantes que no ganaron el año.
Por otro lado, sólo un 19%% de jóvenes logra acceder a la educación básica, un 15%% a diversificado y un 1.4%% a la educación universitaria (Mineduc 2006). Mientras un 60%% de la juventud de Guatemala vive en el área Rural, el 97%% de los centros educativos se encuentra en las áreas urbanas y sólo un 3%% en zonas rurales (Comisión Nacional Permanente de Reforma Educativa – 2006).
Pese a este exagerado nivel de exclusión en el campo, esta área representa la mitad de la Población Económicamente Activa. Con esto se puede deducir que nuestro sistema económico y político, auspiciado por la cúpula empresarial, le ha apostado a mantener mano de obra barata en todo el país, y principalmente en el campo. Un 23.5%% de la PEA está conformada por población juvenil; y un 52%% de estas personas está desempleada o subempleada. Asimismo, más de 300 mil jóvenes entre 15 y 17 años participan de las peores formas de trabajo infantil.
El TLC con Estados Unidos no ha ayudado a mejorar la situación para la mano de obra llamada «no calificada». Con éste se buscaba generar más empleos en las maquilas -aún sabiendo que se afectaría al sector de la agricultura que emplea al 38%% de la PEA- lo cual no resultó. Las maquilas han cerrado para irse a otros países y la agricultura está en una situación vulnerable. En tanto, la población -en gran medida jóvenes- encuentra como única alternativa la migración.
A esta cruda realidad de la población joven, se suma la violencia doméstica, que afecta principalmente a las niñas, y la desintegración familiar que puede ilustrarse con el dato que el 23%% de las familias guatemaltecas tiene una jefatura femenina (PNUD 2005).
Esta información nos arroja una conclusión sobre la violencia. Si bien la juventud está asociada a la delincuencia, no es el responsable del entorno que la origina. Las causas de la violencia son estructurales; y la clase política no tiene visión para pensar en las nuevas generaciones, y sólo alcanza a ver hasta las próximas elecciones.
Para octubre, las organizaciones juveniles tienen el desafío de denunciar y evidenciar esta realidad en el marco de la Cumbre Iberoamericana de Presidentes, en San Salvador cuyo tema será «Juventud y Desarrollo».