La economía nacional y, particularmente, la economía de las familias guatemaltecas en general, se hallan en crisis, casi en plena crisis.
El pueblo está sufriendo las serias consecuencias de ese estado de cosas y no hay muchas esperanzas de solucionar como Dios manda la candente y preocupante problemática.
Todo, todo, absolutamente todo está caro, demasiado caro, en este suelo centroamericano que está dando la impresión de estar hundiéndose más y más, irremediablemente, en el infortunio.
Sólo la muerte violenta -la que a diario debe cargarse a cuenta de los desalmados delincuentes sin Dios, a los que, valga decir, les vienen muy atmosféricos los cacareados «derechos humanos», puede considerarse «barata», porque no ocasiona gastos como ocurre con las personas que sufren los azotes de las enfermedades, sobre todo de las enfermedades que duran meses o años, aunque debemos reparar en los servicios funerarios que están costando lo que difícilmente puede cubrir la gente de modestos recursos económicos, o sean los varios millones de connacionales.
Continuemos. Están caros los artículos de primera necesidad que supuestamente constituyen la llamada «canasta básica». Están caros los servicios médicos (honorarios de los profesionales de la medicina, los medicamentos, ya no digamos la atención de los pacientes en los hospitales privados y aun en los nacionales). Están caros los servicios de los profesionales de la abogacía del notariado, de la ingeniería, de la odontología, etcétera. Están caros los vehículos, los repuestos y los servicios que se les da. Está caro el estacionamiento de los carricoches, pues la autoridad respectiva ha permitido que las tarifas sean elevadas arbitrariamente hasta el abuso.
Se han disparado también, como hacia el espacio sideral, los servicios de taxis, los del transporte en los autobuses urbanos y extraurbanos.
En síntesis, señores del jurado, la situación es de parir o reventar y como para balazos, para desgracia del pueblo, de ese pueblo que en todos los tiempos no ha paladeado los «almíbares» de la bendita «democracia» que se estila en esta Guatemala de la Asunción y de la «ascensión» de politiqueros que sólo van a medrar y más medrar a las mullidas poltronas de la frondosa burocracia.
La enorme masa de usuarios de los servicios de locomoción en los problemáticos autobuses de marras está poniendo el grito en el cielo porque se está cobrando, dentro y fuera de lo justo y de lo legal, lo que se antoja a los avorazados empresarios y, obligadamente, a los pilotos de los desvencijados armatostes.
Se sabe entre el público, mayormente entre los que utilizan los controversiales medios de locomoción de referencia, que son los empresarios del ramo los verdaderos responsables de la violencia que está cobrando víctimas (asesinatos y heridos) entre los pilotos y ayudantes, amén de otras personas que son impactadas por las balas «perdidas», en los momentos de confusión, lanzadas por los forajidos.
Según las versiones que se dan en relación con lo que acontece lamentablemente en el caso de los transportes urbanos, es que los propietarios de las «cacharpas» han fijado la ganancia de cada día por el servicio que se presta, mal servicio por cierto, y se ha dejado lo que excede del monto de la ganancia de 500.00 o más quetzales, para la remuneración cotidiana de los pilotos y los ayudantes.
Es entonces que los tripulantes de cada unidad de transporte se despachan con la cuchara grande, al aumentar exageradamente (o abusivamente, como dicen los usuarios) el precio del servicio.
Se afirma que después de las 5 de la tarde se cobra a los usuarios 2 ó más quetzales. Después de las 6 ó 7 de la noche, la «tarascada» de mono o la mordida de fardacho puede ser de 5 o de 10 quetzales; quizá eso ocurre cuando la tarifa legalmente establecida no ha cubierto el salario justo de los pilotos y de los ayudantes.
De manera que la causa de la violencia que se ha producido contra los pilotos y los ayudantes de los autobuses urbanos es atribuible a los empresarios, no precisamente a los pilotos y ayudantes.
En los buses extraurbanos, pues… a lo mejor todavía, hasta este día en que ya comenzamos a respirar los exquisitos aires navideños, no se retribuye al personal de esos vehículos en la forma que dejamos explicada.
Las autoridades del ramo deben tratar de solucionar los problemas del transporte urbano en especial, a fin de atender el constante clamor de la masa de usuarios, antes de que otra cosa pase.