Tercio en el tema que corresponde a los jubilados y pensionados rasos, con respecto a lo que se ha venido hablando de que ellos también tendrían que estar sujetos a las leyes tributarias.
Un jubilado o pensionado lo que recibe es una cantidad ínfima que no cumple con los estándares que rigen para una jubilación, pues ésta debe ser suficiente y bastante para cubrir todas sus necesidades de vida, pero en el caso nuestro, es decir en Guatemala, esto no es así.
Se piensa que el jubilado o pensionado es él solo, pero se olvida que tiene un esposa, por lo que la jubilación es para dos personas. En el Estado es de Q1,100 o Q1,200 y centavos, lo que resulta Q500.50 para cada uno; a esto hay que agregar que a esa edad, la tercera y más, los dos necesitan medicinas, especialmente para la presión arterial y resulta que una cajita con 14 pastillas cuesta más de Q200, anteriormente traían treinta.
Bueno, aparte de este medicamento también necesitan algún otro, con lo que los Q500 se van reduciendo, mas bien, ya no va quedando nada, se puede argüir que para eso está el CAMIP; cierto, pero no llena todas las necesidades, empezando por el tiempo entre cada cita, se puede ir a la Emergencia pero la atención es diferente y el paciente no recibe la atención debida, por lo que tendría que acudir a un médico privado, pero como decía mi abuelita: “¿con qué telas si no hay arañas?”
Ahora sigue la canasta básica, ¿Qué van a hacer si ya todo se lo han gastado en medicinas? ¿Y si tienen que pagar el alquiler en donde viven, aunque sea un cuarto en una casa de familia o en un palomar, porque no van a arriesgarse a ir a un asentamiento? ¡Patético el caso!
Hace ya algunos años conocí en Livingston, a una pareja de jubilados norteamericanos, que según me contaron, en sus años productivos llegaron en calidad de turistas y se enamoraron del lugar, y se prometieron que al jubilarse se pasarían a vivir allí. Pues con su jubilación, que iban a Puerto Barrios a cobrarla, construyeron una casa al estilo gringo, la conocí, no tenían nada de qué preocuparse, en sus vacaciones, me contaron, sus hijos iban a visitarlos. Eso es jubilación.
Mi muy estimado amigo y doble colega, Eduardo Villatoro, ha roto lanzas sobre este tema, y con buen tino aconseja a los señores diputados que lean el artículo del connotado abogado René Arturo Villegas Lara, publicado en este mismo diario.
El diputado Carlos Barreda se ha adelantado en tomar por su cuenta la defensa de los jubilados, de quienes Villatoro se extraña que no hayan dado señas de acercarse al Congreso para defender su caso.
Es de esperarse, pues, que esa tributación quede totalmente eliminada para tranquilidad de quienes tienen por lo menos, un pequeño respiro con lo que reciben mensualmente.