JUAN FRANCISCO YOC el dibujo como lenguaje


Por Juan B. Juárez

La muestra de dibujos de Juan Francisco Yoc que actualmente se exhiben en la galerí­a El Túnel resulta interesante, entre otras cosas, porque nos permite adentrarnos en las posibilidades del dibujo considerado como un legí­timo y autónomo lenguaje artí­stico que, más allá de su función descriptiva de las formas objetivas y de sus usos didácticos ejemplares e ilustrativos, se presta para articular «discursos» y construir unidades de sentido que tienen su propia e intraducible especificidad expresiva.


En ese sentido, y a despecho de la lógica de la enseñanza académica de las artes plásticas que considera al dibujo como un género subordinado en el que se apoya la pintura, la escultura, el diseño y la arquitectura, en Juan Francisco Yoc la lí­nea y el trazo son recursos suficientes para dar expresión a la compleja interioridad del artista y caracterizarla no sólo como producto y respuesta al conflictivo contexto en el que transcurre su existencia sino también como el espacio espiritual donde se renueva una antiquí­sima tradición. En efecto, su lí­nea refinada y elegante está emparentada con la de los grandes dibujantes clásicos y contemporáneos, y sus trazos, de una persistente caligrafí­a que no esconde la mano trémula que palpa en los bordes de lo interno y lo externo, parecen perseguir, más que la exactitud formal, la clave emotiva que resuelva su relación con un mundo intenso y atroz. De allí­ que decir que Juan Francisco Yoc es un virtuoso del dibujo resulta irrelevante, pues su obra gráfica es la expresión atinada y completa de su condición existencial, algo que va más allá de la simple ostentación técnica.

Así­, el uso del dibujo como lenguaje y su predominancia en la obra de Yoc se deriva de algo más que del desarrollo superlativo de su motricidad fina y de su asombrosa capacidad de observación objetiva. Si se observa con atención, Juan Francisco Yoc se vale del dibujo para definir (delimitar) su posición existencial y establecer y expresar el carácter y el tono de la relación profunda que mantiene con el mundo concreto que lo rodea. Pero no se trata de una simple descripción y de hecho sus dibujos no representan fielmente a la realidad exterior sino que propiamente la significan. Esto es, acusan recibo de los hechos y circunstancias que impresionan su vida y emiten, en el mismo tono, respuestas consecuentes que tienen la misma intensidad vital.

En función de esa relación conflictiva con la realidad y de la dinámica de estí­mulos y respuestas que se establece entre ella y el artista, la sensibilidad del dibujante está pendiente tanto de los hechos externos como de sus propias pulsiones interiores, de manera que lo que se expresa en sus dibujos no es el registro de una emoción cualquiera sino precisamente la expresión completa %u2014intelectual, imaginativa, moral, emotiva, fí­sica%u2014 que corresponde a cada situación. De allí­ que el universo de los dibujos de Yoc está siempre en permanente metamorfosis y que los personajes y animales que lo habitan intercambien entre ellos sus rasgos fí­sicos y morales y den lugar a hí­bridos fortuitos e inquietantes y a aberraciones francamente monstruosas que tienen, sin embargo, el carácter de respuesta, irrefrenable e intensa.

Si el dibujo como habilidad psicomotriz exige ejercicios manuales y de observación, el dibujo como lenguaje exige el cultivo de la imaginación para establecer asociaciones metafóricas válidas, de la semanticidad de las lí­neas y los trazos para crear formas significativas y de la actitud crí­tica para dar validez y pertinencia a las expresiones gráficas. Juan Francisco Yoc tiene tras de sí­ a una tradición de dibujantes que va desde los clásicos del renacimiento y los vanguardistas del siglo XX hasta los contemporáneos como José Luí­s Cuevas, Francisco Toledo y, ente nosotros, a Erwin Guillermo.