Más de 150 jóvenes abordaron los autobuses que los llevarían a la costa sur con el propósito de construir casas a familias que en los últimos meses han quedado a la intemperie debido a la destrucción causada por los desastres naturales, ellos dieron su mano de obra para lograr que más guatemaltecos tengan un lugar cómodo donde vivir.
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Llegaron a Patulul, a la medianoche. Durmieron en escuelas y aunque el descanso no fue reparador, puesto que dejaron por un lado la comodidad de sus hogares, al siguiente día los jóvenes, en su mayoría no pasan de los 25 años, estaban dispuestos a construir varios techos más.
Se levantaron a las seis de la mañana y tomaron el desayuno preparado por la comunidad. Se organizaron en grupos de hasta diez y empezaron la construcción. Bajo el fuerte sol y la escasa costumbre de realizar este tipo de tareas, pero con la convicción de concluir en 48 horas, iniciaron el trabajo.
Se trata de «Un techo para mi país», iniciativa que está cambiando a varios jóvenes, puesto que les da la oportunidad de adentrarse en regiones en donde la extrema pobreza y la falta de vivienda agobia a miles de guatemaltecos.
Fue en Chile, en 1997, cuando un grupo de universitarios se dieron a la tarea de denunciar las condiciones infrahumanas en que viven miles de personas. Y en Guatemala este proyecto inició en el año 2008. A la fecha se han construido cientos de casas gracias a la decidida participación de los universitarios y de la iniciativa privada que proporciona el material.
Para muchos son casas sencillas, puesto que están hechas con madera prefabricada de 18 metros cuadrados, seis de frente por tres de fondo, pero para las familias de Patulul, que fueron los últimos en beneficiarse, sin duda los cambiará radicalmente, en especial a los niños, puesto que ellos tendrán la oportunidad de crecer en un ambiente más sano y cómodo.
Al final de la jornada, domingo a las seis de la tarde, las casas fueron entregadas. La sonrisa de la labor cumplida se reflejó en los rostros de estos jóvenes que dejando la comodidad de sus hogares y «las fiestas de fin de semana», dieron esperanza a familias de escasos recursos.
Estoy plenamente convencido que las ampollas en las manos, el cansancio corporal, las quemaduras sufridas, las gotas de sudor derramadas y las condiciones poco favorables para dormir, padecidas por este grupo de universitarios, son mínimas puesto que el agradecimiento de las familias ha de haber compensado ese esfuerzo.
* Pésima planificación.- Quienes planificaron el desplazamiento de los Transmetros en las zonas 9 y 4 probablemente no tienen mucha experiencia, puesto que los congestionamientos vehiculares a horas pico y horas no pico son exagerados.
* Deseo irrealizable.- A veces me dan ganas de ser un globo y dejar que el viento me lleve.
* Celosa.- Mi esposa ya se puso celosa porque la Mis Universo se comunica constantemente por el Facebook. ¿Qué puedo hacer para evitar este acoso?