Joel LaRue Smith, el niño de septiembre


Grecia Aguilera

Se presentó junto a sus amigos Renato Malavasi en la baterí­a y Tal Gamlieli en el contrabajo, el martes 2 de septiembre de 2010, en el primer concierto del Festival de Jazz del Instituto Guatemalteco Americano, IGA. Joel es un pianista hábil y determinado; nació el séptimo dí­a del mes de septiembre, circunstancia en su vida que lo ha hecho meditar, pues en el dí­a siete «Dios completó la creación». Esto me recuerda los versos iniciales de mi poema dedicado al planeta Tierra que entonan: «En siete dí­as se originó/ en siete noches se gestó/ cuán inmensurables han sido/ esos dí­as esas noches/ si aún en tránsito/ va la creación…» Septiembre también tiene un significado especial para él porque es el mes del otoño, estación que nos trae un tiempo nuevo, de reflexión y aprendizaje: al caer las hojas de los árboles, nos brinda la oportunidad de recapacitar y fortalecer el alma, el espí­ritu y los sentimientos más profundos de nuestro ser. Con su frescura renueva la rutina luego de un intenso y caluroso verano. En mi calendario lí­rico, engalano a septiembre con el poema que dice: «En pensamientos dorados/ se fragua la verdad./ Un cortejo de dí­as/ adormece el cielo/ y septiembre erguido/ anuncia victorias/ y lanza hacia el cosmos/ un rayo de luz.» Joel LaRue Smith nos dice que la música es como la vida que a su vez es como las estaciones: está basada en ciclos. Durante la presentación del trí­o de Joel LaRue en el Teatro Dick Smith, ejecutaron el estándar de jazz «Straight, no chaser» de Thelonious Monk. En esta versión el trí­o realizó un trabajo esmerado, meticuloso, sucesivo y extenso en el seguimiento de sus notas, y se caracterizó por el vivaz, agudo y persistente swing, que reveló la afabilidad y entendimiento existente entre estos músicos. El sonido del contrabajo de Tal Gamlieli, brotó de su corazón hacia su instrumento: se tornó juguetón, claro, preciso, gentil y a la vez intenso, definiendo su personalidad en los solos de improvisación artí­stica, dedicados e intensos. Renato Malavasi en su ejecución individual realizó en la baterí­a solos gráciles y melódicos pero también con fuerza y energí­a. En el concierto, Joel manifestó su personalidad que es jovial, generosa, amable, afectuosa, comprensiva y sobre todo fraterna. Se entregó completamente al público guatemalteco conocedor, quienes al final de la audición premiaron al trí­o con fuertes aplausos. Al escuchar el disco compacto de Joel LaRue titulado «Niño de septiembre», me enternece la pieza «Instante para amar», elegante balada que logra crear una agradable y enamorada atmósfera musical. Esta composición se la ha dedicado a su esposa Cynthia. Luego, «Qué preciosa» la compuso para sus hijas Siena y Milán. En esta sensible y compasiva melodí­a, Joel logra comunicar tiernos y delicados sentimientos de solicitud y esmero. Es una canción de cuna que recuerda a Joel las «Canciones sin palabras» del compositor alemán Félix Mendelssohn Bartholdy, a quien pienso que Joel admira por sus valores morales y éticos, que demostró ante el mundo al rescatar del olvido la obra musical de Johann Sebastian Bach. El estuche del disco color marrón-rojizo rememora el otoño, y guarda el relicario de la vida musical de Joel. Por su concepto acerca de la música, semejante al mí­o, escribo mi poema titulado «Música»: «Â¿De donde viene la música?/ de las galaxias/ del polvo cósmico/ de la eternidad/ viene la música./ ¿De dónde viene la música?/ de universos primitivos/ de selvas titilantes/ de seres mágicos/ viene la música./ ¿De dónde viene la música?/ del viento al golpear los árboles/ del murmullo de las aguas/ del fragor interno del planeta Tierra/ de la Voz de Dios/ viene la música.»