Ayer, vi la película Jobs, dirigida por Joshua Michael Stern, escrita por Matt Whiteley y producida por Mark Hulme y Marcos A. Rodríguez. Jobs es interpretado por Ashton Kutcher, mientras que el cofundador de Apple, Steve Wozniak, está a cargo de Josh Gad. La película no es ni una biografía no autorizada, ni la historia de la compañía Apple. No deja de ser un producto comercial, de baja calidad, aunque tenga algunos destellos de buena producción.
Para quienes conocemos la historia de Steve Jobs y seguimos de cerca su vida, por ser uno de los hombres más influyentes en la actual Sociedad de la Comunicación, que vivimos actualmente con gran intensidad por el componente computacional, el largo metraje no nos aporta nada nuevo. Es más, me parece que como hecho a propósito para lograr la reconfirmación de muchos de los mitos que giran alrededor de este personaje que intriga tanto, que influyó en tanto la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI. Y seguirá influyendo a millones de personas que adquieren sus productos
Y digo que es “ni si, ni no…” porque quiero rescatar algo que me parece paradójico: la actuación de Ashton Kutcher. Yo fui el primero en criticar esta designación y en muchos momentos, creo que hace un papel convincente pues se mete en la piel de quien fuera un verdadero ser atormentado. Y ese es otro de los aportes que nos deja el film: presenta al protagonista como un ser conflictivo, lleno de dudas, incapaz de enfrentar sus frustraciones, imposible de reconciliarse con su pasado… hasta que la vida le pasa la factura y lo botan de la propia empresa que había fundado. Hasta ese momento, Jobs empieza a controlar su propia vida y a decidir qué hacer con ella. Pero al film le falta mucho de su biografía para entender esas razones íntimas, por lo que hay demasiados baches, como para pensar que es biográfica esta producción basada en su vida. Más la calificaría de un ejercicio ficcional entorno a algunos pasajes -muy conocidos- de su vida, cargada de aflicciones e inestabilidades emocionales.
En tanto, si fuéramos al planeamiento que el film presenta algunos de los muchísimos vericuetos que se dieron en Apple, considerada hoy por hoy como la corporación empresarial de más alto valor en el mundo posmoderno, a nivel mundial, es también un retrato que se queda sumamente corto. Eso sí, demuestra la forma patética como los altos ejecutivos y los principales socios de los gigantes empresariales se comportan: sin el menor referente de una conducta ética y plantea que no existen escrúpulos en el mundo de los negocios. Que ese ámbito es inescrupuloso y que las lealtades son, en general, una palabra vacía, sin contenido, ni asidero formal en la jungla en que hoy eres y mañana… a lo mejor llega tu mejor amigo y te da una puñalada por la espalda. ¿Así es la vida en el mundo empresarial? Por eso estamos tan jodidos… si no hay valores en este capitalismo salvaje, solo hay afán de lucro y al ingresar a ese sistema pierdes todas tus ilusiones y empeñas tu vida para seguir en la jugada.
La película también presenta una deslucida imagen del entorno social y económico de los Estados Unidos, pues en ningún momento hace referencia a elementos culturales o sociales de lo que se vivía en esos instantes, cuando Jobs funda su microempresa, con una visión certera del futuro de la computación y encarnando al verdadero entrepreneur, digno ejemplo de la tenacidad. Algo si deja ver claramente: Jobs corre todo el film y nadie lo alcanza. Mantente caminando, siempre hacia adelante, señala un desconocido y camaleónico Kutcher, logrando un aceptable papel.