En el segundo concierto que preparó este año 2007 Alianza Francesa de Guatemala, dirigida, actualmente, por Gérard Saurin, agradezco especialmente la atención a mi persona, recibida de parte de Violaine Dupic, directora adjunta de dicha institución. El evento fue un verdadero éxito, siempre con la colaboración del Instituto Guatemalteco Americano. En esta ocasión el pianista Franck Amsallem estuvo acompañado de Clovis Nicolas en el contrabajo y Karl Jannuska en la batería. Amsallem demostró ser un músico inteligente, pues es admirador del incomparable compositor Billy Strayhorn, quien fue el eterno compañero del gran Duke Ellington. Juntos, Ellington y Strayhorn crearon un magnífico legado muscial, que hasta la fecha sigue vigente, lo cual me recuerda la sentencia del Duke: «La música es tan antigua como moderna». Esto se hace efectivo en estos tiempos, por ejemplo con el trío de Frank Amsallem, que el pasado 18 de octubre se presentó en el Teatro «Dick Smith» del IGA. Esa noche el trío realizó una sesión de música muy profesional en la que se creó con sus interpretaciones una auténtica atmósfera voluptuosa: el escenario perfecto del jazz. Mencionaré la superlativa versión de «Summertime», del famoso compositor George Gershwin, ejecutada con exquisita vehemencia por Franck Amsallem en el piano; en esta pieza cabe destacar asimismo el ensamble y entendimiento admirables que los músicos lograron, manteniendo constantemente la eufonía del jazz tradicional y transmitiendo al público el mensaje universal de esta música: el lamento de los siglos. Dentro de la discografía de Franck Amsallem se encuentra el CD titulado «A week in Paris», tributo a Billy Strayhorn, en el que el pianista revela su forma de ser; él profundiza en cada nota, en los sonidos que inventa una y otra vez, en especial en las piezas «Upper Manhattan Medical Group» y Asinthe». En «Lush Life» lo acompaña la cantante Elisabeth Kontomanou, quien hace de la melodía en su voz un relato contundente y dramático. Tuve el honor de conversar con los músicos del trío de Amsallem, y el contrabajista Clovis Nicolas, me dijo lo que para él significa improvisación: «La improvisación en la música es lo más cercano de la vida, es imprescindible… es la forma de expresar cómo vive el ser humano, por eso me gusta. La improvisación denota que la vida es impredecible y un tanto predecible también: esperamos sorpresas con el lenguaje, con los sonidos, con las palabras, con el sistema: La improvisación es la forma como nosotros resolvemos nuestra vida, con imaginación y creatividad…» El baterista del trío, Karl Jannuska, es fabuloso, tiene mucha gracia para tocar el instrumento y al hacerlo pareciera ser un robot desgoznado. En 2003 grabó el disco titulado «Liberating Vines». Los títulos de las piezas me hacen reflexionar en que su música va más allá de los límites: por ejemplo escuchando la pieza que lleva el nombre del CD, percibo que se estremece el pensamiento y el alma, los músicos se enredan y desenredan en las notas creando una impactante improvisación polifónica; esta pieza es un canto estremecedor a la naturaleza y que me ha dado la inspiración para el poema que titulé «Tiempo Geológico»: «Somos parte/ de un tiempo geológico/ origen, alteración, materia/ cromosomas cibernéticos/ transmutados en un polvo/ pétrio y metamórfico./ Olvidados fósiles/ del globo terráqueo piélagos de magma/ semilíquidos, secos y fugaces./ Primogénitos brotados de la tierra/ carcomidos por la tierra/ esparcidos y anclados/ en los cinco continentes/ resurgidos en las fauces/ de un núcleo imaginario/ átomo ancestral/ arena del Cáucaso/ y entelequia de Sahel…/ Cronómetros durmientes/ ojo de huracán/ en el intemperante cisma/ alienado a la existencia/ de un cosmos infinito/ en inesperada destrucción./ Somos parte/ de un tiempo geológico».