El gobierno japonés aprobó hoy una partida presupuestaria de 5,05 billones de yenes (44.000 millones de euros) para apoyar la economía nipona amenazada por la deflación, la carestía del yen y la desaceleración del crecimiento mundial.
El primer ministro de centroizquierda, Naoto Kan, ya había conseguido la adopción de un plan de apoyo a la actividad económica de 920.000 millones de yenes (más de 8.000 millones de euros, 11.120 millones de dólares) al comienzo del mes de septiembre.
La nueva batería de medidas decidida este viernes tiene por objetivo dar un impulso de 0,6% al Producto Interior Bruto (PIB), según el gobierno.
El plan se financiará gracias a una ampliación presupuestaria que será sometida al Parlamento. El gobierno cuenta con preparar el proyecto de ley para la solicitud de créditos adicionales antes del final del mes.
El primer ministro desea adoptarlo cuanto antes, para lo cual necesita el apoyo de los diputados de la oposición debido a que el Partido Democrático de Japón (PDJ) de Kan no dispone de la mayoría necesaria en la Cámara Alta.
«Estas medidas se desprenden de propuestas planteadas por el partido en el poder y las formaciones de la oposición», recalcó Kan en Consejo de Ministros, según declaraciones citadas por la agencia Kyodo.
Con este nuevo plan de apoyo, el Gobierno se propone contrarrestar los efectos nefastos de la fortaleza del yen para las empresas exportadoras niponas y sus subcontratistas locales.
También quiere combatir la deflación que frena la actividad ya que incita a las empresas a reducir costos, a limitar inversiones y a congelar los aumentos salariales.
Víctima de una violenta recesión en 2008-2009, la economía del archipiélago volvió a arrancar el año pasado gracias, principalmente, a las exportaciones.
Pero el crecimiento parece marcar el paso estos últimos meses debido a la contracción de la demanda en el extranjero.
Además, varios dispositivos de apoyo público al consumo interno se acaban o lo harán en los próximos meses, lo cual podría frenar varios sectores.
El Ejecutivo, bajo la presión de los círculos de negocios y de la población, quiere estimular la actividad económica, haciendo hincapié en cinco aspectos prioritarios: el empleo, el crecimiento económico, la ayuda social, la economía regional y la revisión de las reglamentaciones consideradas perjudiciales.
Los detalles del proyectos aún tienen que perfilarse, pero también incluiría decenas de miles de millones de yenes para financiar la diversificación de las zonas de compra de recursos minerales esenciales para las industrias punteras japonesas.
Japón depende de China para el abastecimiento de tierras raras, unos metales indispensables para la fabricación de iPods, discos duros o automóviles eléctricos. Esto constituye un peligro en un momento en que las autoridades chinas decidieron reducir las exportaciones y utilizan su monopolio como instrumento de presión en las negociaciones diplomáticas.
Las medidas gubernamentales para contrarrestar los efectos nocivos de la deflación y de la carestía del yen se agregan a los dispositivos de flexibilización monetaria decididos recientemente por el Banco central de Japón (BoJ).
El BoJ, presionado por el Gobierno, restableció esta semana su principal tasa a cero y adoptó medidas para colmar el mercado con liquidez. Su objetivo es alentar la baja de las tasas a corto y largo plazo para facilitar la inversión y la concesión de créditos.
La lucha contra la fuerza del yen se complica por la tendencia bajista del dólar, resultante de los temores sobre la coyuntura estadounidense.