Izquierda y derecha rumanas prometen lucha contra crisis en duelo electoral.
Unos 18 millones de rumanos son convocados a votar el domingo en legislativas marcadas por una batalla entre la izquierda socialdemócrata (PSD) y la derecha demócrata-liberal (PDL), arbitrada por los liberales (PNL) del primer ministro Calin Tariceanu, en plena crisis económica.
Esta cita electoral estará marcada por dos novedades: los senadores y los diputados serán elegidos en una sola vuelta, gracias a comicios que combinan la votación nominal y por listas, y la presidencial estará disociada de las legislativas. El período de mandato del jefe del Estado pasó a cinco años después de las elecciones de 2004.
Tanto el PSD, aliado de los conservadores (PC), y el PDL, del cual surgió el presidente Traian Basescu, están en la oposición pero enfrentados, y se encuentran cabeza a cabeza, con aproximadamente 35% de intenciones de voto para cada uno, de acuerdo con las encuestas.
Aunque no puede rivalizar con ellos, el PNL, que según los sondeos obtendrá aproximadamente 20%, se presenta como un elemento imprescindible en las probables negociaciones para una alianza destinada a constituir un nuevo gobierno.
El ganador, ya sea de derecha o de izquierda, no gozará de una luna de miel, mientras la crisis económica comienza a hacer estragos y varios conflictos sociales, minimizados durante la campaña, amenazan con estallar a partir de enero.
Gracias a un crecimiento récord de 8,8% en el primer semestre, los partidos políticos no escatimaron promesas, hace algunas semanas, de «bienestar para todos» después de estos comicios.
Sin embargo, los primeros efectos de la crisis, incluyendo una disminución de los pedidos para la industria provocados fundamentalmente por una suspensión de la producción en Dacia (grupo francés Renault) y Arcelor Mittal, y la amenaza de un fuerte aumento del desempleo, los obligó a modificar sus cálculos.
La cuestión del puesto de primer ministro queda en manos del presidente Traian Basescu, quien manifestó el deseo de que se forme «rápidamente» un nuevo gobierno.
Si bien Tariceanu es candidato a su propia sucesión, sería sorprendente que fuera mantenido en el cargo. Fue aliado del presidente para las elecciones de diciembre de 2004, pero se convirtió en su peor enemigo hasta la exclusión en abril de 2007 de los ministros demócratas de un gobierno que llegó a ser minoritario.
Mircea Geoana, jefe del PSD, está impaciente por obtener la jefatura del gobierno. Pero el presidente Basescu siempre rechazó su candidatura, fundamentalmente porque este ex ministro de Relaciones Exteriores es el hombre que lanzó el procedimiento de destitución contra el jefe del Estado en la primavera (boreal) de 2007.
Teodor Stolojan, ex primer ministro (1991-92) y un allegado del presidente, ha sido designado por el PDL y parecía una elección ineludible hasta que Basescu aseguró que él «no representaba la única solución» en ese partido.
El mandatario señaló que «nadie podrá imponerle» al próximo primer ministro, excluyendo de hecho el nombramiento de Tariceanu y Geoana.
También descartó a una personalidad independiente, «pues en período de crisis el gobierno debe ser dirigido por una fuerza política», y señaló su preferencia por una persona «capaz de obtener tanto el apoyo de la derecha como el de la izquierda».
La gran incógnita es la participación. Al desinterés manifestado por los rumanos por las elecciones y al desprecio que tienen por sus parlamentarios, se agrega que estas elecciones se realizarán en vísperas de la fiesta nacional, y muchas personas podrían aprovechar para tomar un fin de semana largo.