“Ojalá yo viviera en un Estado donde los ciudadanos temieran menos las leyes que la vergüenza”, Cleóbulo.
Siempre he sostenido que las teorías por muy buenas que sean, en Guatemala, no pueden ser aplicadas, porque somos un país kafkiano, en donde suceden las cosas más inverosímiles.
Desde que iniciamos la carrera de Derecho se nos enseña la importancia de la Independencia de Poderes y se nos explica la Teoría de los Pesos y Contrapesos, la primera significa que los tres poderes del Estado son independientes uno de los otros dos, por lo que jerárquicamente se encuentran en la misma posición de poder e independencia entre sí, asimismo se nos enseña que lo ideal en una “democracia” es la aplicación de los pesos y contrapesos, lo que es lo mismo, los tres poderes deben ser conducidos por grupos de poder diferentes, para la total independencia de cada uno de ellos, pero la realidad es otra, y lo que la teoría enseña, la práctica lo destruye, por el contexto en que vivimos, el mejor ejemplo de lo anterior lo observamos la semana pasada, cuando en una más que clara intervención del Ejecutivo en el Legislativo, tanto el Presidente como la Vicepresidenta decidieron quién debía ser el próximo Presidente del Congreso, sobre este tema podemos realizar varias interrogantes: 1) ¿Con qué potestad actuaron dichos funcionarios? 2) ¿Cómo pueden esperar los funcionarios que los ciudadanos respeten las leyes, si ellos son los primeros en violentarlas? 3) ¿No sería necesario crear un precedente presentando una inconstitucionalidad, para principiar a obligar a acatar el Estado de Derecho, sin importar quién sea el ungido?
En realidad es bastante frustrante que, tanto pública como privadamente se burlen de la Constitución, quienes por mandato de la misma le merecen el mayor de los respetos, ya que el día de toma de posesión del cargo, que por el voto de los guatemaltecos ostentan, juraron públicamente y a viva voz respetar la Carta Magna, y la han violentado constantemente por la intromisión del Ejecutivo en el Legislativo, y por la aceptación de los miembros del Congreso a ese mangoneo, que no solamente no debe ser aceptado, más aún debe ser condenado. Llega un momento, en el que se hace indispensable exigir el respeto por parte de los funcionarios públicos, llámese como se llame el mismo, y ostente el cargo que ostente a las leyes, y más aún la Constitución. Es imposible imaginar que este país cambie, si no cambiamos como sociedad, por lo que si quienes momentáneamente tienen el control de un organismo, ilegítima e ilegalmente dominan a otro, no se pueden esperar cambios reales en el país, sumado a la corrupción denunciada y campeante en los dos organismos del Estado en mención, el control absoluto de los mismos por dos personas, o de una con la ayuda y beneplácito del otro. Cuando se emitió la Constitución vigente, y las reformas posteriores, se hizo con el ideal de respeto a la misma, sin embargo, conforme el tiempo ha pasado, muchos (demasiados) de quienes han ejercido los más altos cargos públicos se han mofado de la más importante de las normas. Pregúntese usted qué se puede esperar del ciudadano común, naturalmente lo que está pensando: Nada, porque si no existe un sentimiento de pertenencia, de respeto hacia sí mismo/a, no se respetará a nada ni a nadie, como sucede todos los días en el país, baste leer diariamente los medios de comunicación serios, que paulatinamente se han convertido en verdaderas gacetas de la debacle en que nos hundimos, y quiero resaltar no es problema de falta de leyes, ya que si algo tenemos es exceso de legislación, es problema de falta de convicciones, y de verdadera conciencia de lo que hacemos, o dejamos de hacer, porque EL PROBLEMA NO ES DE CONSTITUCIÓN O DE LEYES, EL PROBLEMA ES DE ACCIONES U OMISIONES DE LOS SERES HUMANOS.