¿Y la fuerza de tarea en contra de las armas rodantes? Felicito al Ministro de Gobernación por sus esfuerzos para lograr un efectivo control de la millonada de armas de fuego en manos de los delincuentes. No es justo que quienes tengamos licencias para portarlas o tenerlas con el fin de defender lo nuestro de tanto pícaro que anda suelto, tengamos que satisfacer cuanto requisito se imponga, mientras los victimarios las carguen y utilicen impunemente sin ningún control.
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¿Quién ignora que las armas de fuego ilegales son la causa mayoritaria de innumerable cantidad de muertes que día tras día se incrementan y que nuestra sociedad siga viviendo sin la seguridad de regresar a su hogar y muchas veces hasta inseguro de permanecer en él?
Pero mi pregunta de siempre sigue sin ser atendida, ¿cuándo será el día que nuestros funcionarios se percaten que las armas rodantes son iguales o peores, tan dañinas, perjudiciales y a la vez causantes de muchas más desgracias consecuentes? Cada día que pasa, gracias a la ineficacia de nuestras autoridades, el tránsito de vehículos automotores en nuestro país es causa de accidentes cada vez más aparatosos y lamentables, sin que a estas alturas exista un departamento, división o sección dependiente del Ministerio de Gobernación, que al menos lleve el debido control de las causas, lugares, horas, días y tantos datos más, para que una vez recopilados y procesados sirvieran de fuente informativa para llevar a cabo eficaces campañas masivas para evitar su ocurrencia.
Siempre he sido del criterio que al Organismo Ejecutivo, específicamente en el Ministerio de Gobernación recae la responsabilidad de organizar y coordinar con la sociedad guatemalteca una entidad integrada por diversas fuerzas vivas del país, para coordinar las actividades preventivas de accidentes, lo que en innumerable cantidad de países existe desde hace mucho tiempo. No, no se trata de crear otra dependencia más, burocrática costosa e ineficaz, sino una organización de carácter cívico, técnico y científico que lleve la batuta de la prevención, pues seguimos viviendo rezagados desde cuándo, con tal de quitarse la brasa de encima, erróneamente se dispuso delegar en las municipalidades dichas funciones.
A la vista está el sonoro fracaso de la función de prevenir accidentes de las armas rodantes. Seguimos viviendo los tiempos de Ubico, cuando ordenar el tránsito significaba colocar policías en las bocacalles (al menos en aquellos tiempos se les colocaba sobre un taburete con enorme sombrilla) para que sonando el gorgorito los vehículos pudieran cruzarlas o detenerse. Solo eso ¡Ya no funciona! Como tampoco la sola imposición de multas. Seguirán siendo inefectivas mientras no se implante una permanente formación, educación, instrucción u orientación a la población para evitar tanto los actos como las condiciones peligrosas que originan los accidentes. El caos vehicular se ha extendido a todo el país con el aumento poblacional, el número de vehículos y porque sigue imperando la anarquía. ¿Hasta cuándo?