Los términos confianza y credibilidad en el gobierno de Pérez Molina fueron perdiendo su validez paulatinamente desde el primer día de su llegada al poder. ¡Lástima! Lo expreso con toda sinceridad. Porque después del pésimo gobierno de Colom, muchos estábamos esperanzados porque las cosas pudieran cambiar, si no de inmediato y radicalmente, al menos poco a poco esperábamos ir notando los cambios para que trajera el tan ansiado progreso y desarrollo, especialmente con un combate frontal a la corrupción.
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Pero no fue así. Tenemos casi 13 meses de ir perdiendo la esperanza porque el nuevo gobierno se pusiera el traje de la confianza y la credibilidad y dejara de usar el ropaje que identifica a quienes el respeto a la ley y a los valores y principios, son prácticas solamente empleadas en los discursos. ¿Qué otro sentimiento pueden despertar titulares de la prensa escrita, hablada y televisiva cuando la Contraloría General de la Nación anuncia haber encontrado deficiencias en obras de 18 organizaciones no gubernamentales y deficiencias en la supervisión, calidad de materiales e incumplimiento de contratos, como que 12 entidades no gubernamentales siguen administrando recursos del Estado a pesar de tener prohibición para hacerlo?
Por ello aseguro que no es válido usar el eslogan en su propaganda: “vamos para adelante”, cuando a cualquiera, sin mayor conocimiento de la administración pública lo hace perder la esperanza porque algún día vayamos a tener compostura, peor cuando también se entera que el Ministerio de Comunicaciones a través del Fondo de Conservación Vial, como fideicomiso, asignó en corto tiempo del año pasado obras por Q650 millones y que COVIAL, de los 362 concursos realizados, en 78 (21.5%) pudo haber obtenido mejores precios si no hubiera eliminado a los oferentes que cotizaron más bajo, al aplicar el absurdo sistema que excluye a quienes cotizan más barato del estimado por ellos, cuando los únicos que salimos perdiendo somos los contribuyentes, puesto que el Estado en vez de tener más recursos para invertir en otros campos en búsqueda del bien común, nos deriva a seguir saliendo trasquilados.
Mucha gente me reclama por llevar rato de estar dedicado solo a criticar al gobierno y es entonces cuando me pregunto: ¿qué les impide ver que de seguir por el mismo camino en que andamos no vamos a llegar a ninguna parte? Perdonen, pero mis criterios se sustentan sobre los intereses de la población y del país. Me importan poco los fines político-partidarios. Me duele ver que sigamos siendo “candil de la calle y oscuridad de nuestra propia casa” al pronunciar en cónclaves internacionales discursos en que nos incluimos como los que más hemos avanzado en la erradicación de la desnutrición, cuando no es cierto, como que tampoco invertimos los suficientes recursos, aduciendo escasez de los mismos y en cambio, sí comprobamos su dilapidación en programas clientelares o en tantos y repetidos chuecos negocios. ¿Eso será ir para adelante?