¿Un presupuesto 2013 progresivo, regresivo o sin nada de fondo?


juan-jose-narciso-chua

Guatemala es uno de los países con más baja carga tributaria a nivel mundial, ciertamente cuando se analiza el peso de los impuestos sobre el PIB, siempre el porcentaje se queda corto. En este proyecto de presupuesto de 2013 se estima que la misma estará en 11.6%, producto de una proyección significativa en los ingresos tributarios, principalmente una mejora sustancial en el ISR, alcanzando prácticamente el 19% cuando su peso oscila entre 13 y 15%.

Juan José Narciso Chúa


Las cifras propuestas son bastante optimistas, tanto en la proyección del crecimiento del PIB, como en la estimación de los impuestos y la carga tributaria, realizadas en un marco de condiciones positivas, a pesar que las exportaciones se han reducido y las importaciones no han crecido lo que se esperaba durante lo que va del año, e igualmente todavía no se reacciona al crecimiento lento de Estados Unidos y la recesión en la Eurozona.

El proyecto de presupuesto de 2013, si se analiza su asignación y distribución, medida por los  gastos sociales como porcentaje del PIB, se puede ver que Educación en montos globales sube en alrededor de Q400 millones y Salud en Q700 millones, entonces se puede considerar un presupuesto con tendencia hacia la progresividad.

Sin embargo, se toma en cuenta que Gobernación crece en alrededor de Q300 millones, en un momento en el cual la población demanda mayor seguridad y más y mejores policías, y que por ello su crecimiento se estimaría positivo, éste se queda corto con el monto en el cual se incrementa al Ejército con Q400 millones, entonces se presenta  una tendencia hacia la regresividad.

Si se analiza el presupuesto de Comunicaciones, se podría pensar que el mismo incide fuertemente sobre la inversión pública, pero cuando se destacan las asignaciones en la inversión, la misma llega al 3.7% del PIB,  a pesar de un incremento de Q900 millones y sin mencionar los pagos correspondientes a la deuda flotante con contratistas, entonces la situación muestra que la progresividad y la regresividad terminan anulándose y contradiciéndose.

Si se califica como positivo el hecho que el crecimiento de los impuestos parte del impacto de la Reforma Tributaria y la denominada Ley Antievasión, se puede decir que resulta negativo que el servicio de la deuda –pago de intereses, comisiones y amortizaciones de la deuda–, pase de Q10 a Q12 millardos; es decir, crece en Q2 mil millones; incremento que supera dos veces la suma del crecimiento de Salud y Educación; y también supera en Q400 millones el incremento de Gobernación, Defensa y Comunicaciones juntos. 

Ahora, si se toma en cuenta que la deuda externa e interna se incrementarán en Q12.0 millardos, entonces al final los esfuerzos de la Reforma Tributaria y la Ley Antievasión, prácticamente no inciden en una autonomía de ingresos propios por parte del Estado, lo cual confirma el hecho que muchas de las reformas tributarias realizadas por los gobiernos democráticos en estos 27 años, únicamente han servido para contribuir a un mejor manejo de sus finanzas públicas en su período de gobierno, pero ninguna de ellos ha tendido a dotar de autonomía y sostenibilidad financiera vía impuestos, ni mucho menos a construir un gasto público progresivo en su distribución.  Si a ello se suma que la propuesta de Reforma Constitucional también eliminó los cambios de fondo que se pretendían en las finanzas públicas y los recursos extractivos, entonces la situación plantea  pocos avances, éstos son estrictamente coyunturales y la propuesta de presupuesto, no llega a plantear ningún cambio de fondo, ni en la distribución, ni en la tributación, ni en la búsqueda de autonomía de ingresos tributarios.  Si a todo lo anterior, se agrega que se pretende mejorar los ingresos de las municipalidades únicamente con efectos clientelares, entonces la situación termina por configurar un cuadro poco optimista y nada creíble de las finanzas públicas en la actualidad y preocupantes para el futuro.