¿Tiempos de Inflación?


Edgar-Balsells

Nuevamente pasan a ocupar la primera plana de los acontecimientos económicos, diversas noticias relacionadas con las expectativas de crecimiento de los precios mayor al normal. Y es que de acuerdo a datos del Instituto Estadístico, al mes de febrero la canasta alimenticia cuesta 2,494 quetzales, mientras que la canasta básica está valorada en 4,551 quetzales.

Edgar Balsells


Mensualmente, los investigadores del área de precios del instituto oficial, salen a los mercados de las ciudades intermedias del país a medir las alzas o las bajas de precios de una canasta de productos entre los que sobresalen los pertenecientes a la alimentación y, sobre la base de una encuesta realizada en el mes de diciembre del año 2000, nos va indicando cómo se encuentra la escalada general de precios.
Las mediciones realizadas se refieren principalmente a la situación de precios de núcleos urbanos de relativa importancia en el medio, revelándose los precios en  los mercados y expendios más importantes. Los 4,551 quetzales mencionados se refieren al costo de mantener una familia de cinco miembros en donde sólo hay un cabeza de hogar, léase la esposa o el esposo.

La escalada que ha tenido el aumento de precios desde el año 2000 es sorprendente, sobre todo si tomamos en cuenta que el incremento de salarios no va ni por asomo a la par de tal dinámica, y que además los asalariados guatemaltecos son tan sólo una quinta parte de la población ocupada, siendo el resto en su mayoría clasificado como “cuentapropias”; es decir gente que día a día se las espanta sin estar beneficiados con las prestaciones propias del empleo formal.

De acuerdo con estudios en los que he tenido el privilegio de llevar a cabo en estos últimos tiempos, vinculados a preocupaciones directas de empresas y gremiales en relación con el nivel de vida en el campo, la situación en este entorno, en donde priva la economía campesina, es bastante más dramática a los promedios oficiales reportados.

Nuestro índice inflacionario oficial reporta que un hogar típico consume alrededor del 28 por ciento de su ingreso total en comida; sin embargo en el campo fácilmente se observan porcentajes sobre el ingreso incluso mayores al 50 por ciento, observándose además que el índice de precios de la comida está escalando más rápidamente que el resto de bienes.

Adicionalmente, problemas como el de la carne y el alza a la gasolina permiten inferir que hay rigideces de oferta que le competen al Ministerio de Economía, primero indagar lo que sucede y luego contribuir a resolver.
Es así como el ordenamiento de la competencia de mercados, el estudio de los costos de producción en cada escalón de la cadena de valor, y la protección al consumidor deben estar a tono con la naturaleza de nuestra inflación actual que, más que un fenómeno monetario, resulta ser un fenómeno de acaparamiento, especulación o manipulación de precios y mercados.

Valgan estas reflexiones también para que los honorables miembros de la Junta Monetaria no le vayan a echar más leña al fuego, proponiendo ese su “caballito de batalla” que se refiere a la subida de la tasa de interés que ellos manipulan. Los fenómenos inflacionarios actuales no son de índole monetaria, a pesar de que a muchos “expertos” les cuesta dejar el dogma de fe que aprendieron en la escuela.