La tierra seguía temblando en Italia hoy tras el fuerte sismo de ayer devastó el centro de Italia y dejó 207 muertos y mil heridos, 100 de ellos de gravedad, y 17 mil damnificados, según un balance difundido por el jefe de gobierno italiano Silvio Berlusconi.
«Tenemos 190 víctimas identificadas y 17 sin nombre sobre un total de 207 muertos y en total mil heridos, 100 graves», precisó Berlusconi en una conferencia de prensa en L»Aquila, de 60 mil habitantes, capital medieval del siglo XIII de la provincia montañosa de Abruzo, que fue epicentro del temblor de magnitud 6,2 grados.
Tres sacerdotes colombianos que estaban en L»Aquila, 110 km al noreste de Roma, figuran entre los heridos leves.
«Unas 150 personas han sido rescatadas vivas de los escombros y 15 están desaparecidas», precisó Berlusconi, quien rechazó la ayuda ofrecida por más de una treintena de países.
«Agradecemos la solidaridad pero los invitamos a no enviar ayuda, tenemos la capacidad de responder a las exigencias. Somos un país orgulloso y rico. Les agradezco, pero solos podemos», afirmó el jefe del gobierno italiano.
Pocas horas antes, una fuerte réplica de magnitud 4,7 de la escala Richter fue registrada en la región a las 11H30 locales (09H30 GMT), según el Instituto Nacional de Geofísica.
El sismo del martes provocó la caída de piedras y pedazos de muebles y enseres de los edificios agrietados suscitando de nuevo terror entre los habitantes.
Al temblor del lunes, que arrasó L»Aquila, le siguieron más de 280 réplicas fueron.
Las autoridades revisaron a la baja la cifra de quienes perdieron sus hogares a causa del terremoto, ubicándolo en 17.000 personas, según el centro de coordinación de los socorros instalado en la zona.
Massimo Cialente, el alcalde de L»Aquila había estimado inicialmente en 50.000 el número total de personas que se quedaron sin techo y una fuente gubernamental llegó incluso a mencionar la cifra de 70.000 damnificados.
El servicio de defensa civil señaló que más de 10.000 casas y edificios sufrieron daños en la región a causa de este sismo, cuyo hipocentro fue situado bajo la ciudad de L»Aquila.
Berlusconi decretó el lunes el estado de emergencia y prometió a los sobrevivientes que «nadie será abandonado». Dijo además que se instalarán tiendas de campaña para albergar a unas 15.000 personas con 16 cocinas de campo para asegurar su alimentación.
En San Cisto, un amplio aparcamiento en las afueras de L»Aquila, cientos de personas pasaron la noche en sus automóviles para protegerse del frío.
Muchos se quejaron de la lentitud con que se instalaron las tiendas de campaña y de las condiciones de su primera noche a la intemperie.
«Ni un café nos han ofrecido. Nadie se ocupa de nosotros. Pasé mucho frío», se quejó Giovanni, padre de un bebé de tres meses.
Mientras tanto, los equipos de rescate continuaban su tarea contrarreloj.
Hasta el momento, 150 personas, entre ellos varios estudiantes extranjeros como la griega Marta Valente, de 24 años, fueron rescatados de los escombros.
Berlusconi precisó que 7.000 socorristas participan en las labores de rescate que seguirán 48 horas más.
En el casco histórico de L»Aquila ninguna calle se salvó del temblor y todas están cubiertas de piedras y de tejas. En esta zona repleta de monumentos barrocos, numerosas iglesias y un castillo del siglo XV resultaron dañados por el sismo.
El hospital, la prefectura y la Casa del Estudiante figuran entre las estructuras públicas destruidas por el temblor, que generó una viva polémica en Italia por la violación o falta de aplicación de las leyes antisísmicas.
«Un terremoto como el registrado el lunes en Italia, si hubiera ocurrido en California, Estados Unidos, no habría provocado ni un muerto», admitió a la prensa Franco Barberi, presidente de la Comisión Riesgos Altos.
Berlusconi anunció el lunes que iba a desbloquear 30 millones de euros aunque según una primera estimación del ministro italiano de Obras Públicas, Altero Matteoli, se necesitarán 1.300 millones de euros para reconstruir los edificios y viviendas que destruyó el temblor.
El peor sismo ocurrido en Italia fue el 23 de noviembre de 1980, con un balance de 2.916 muertos y 20.000 heridos en la región de Nápoles (sur).
Después de 24 horas del violento sismo que arrasó la región italiana de Abruzos, los sobrevivientes de la pequeña localidad de Onna, borrada de la faz de la tierra, pudieron volver hoy para escarbar en las ruinas de sus casas, donde no queda casi nada intacto.
Después de haber dado el nombre y la dirección, los habitantes del pequeño municipio localizado a una decena de kilómetros de L»Aquila, el más cercano del epicentro, que perdió a 40 de sus 300 habitantes en la tragedia, fueron acompañados por los bomberos por primera vez a sus casas por pequeños grupos de cinco a seis personas.
Hombres y mujeres, de todas las edades, hurgaban desesperadamente entre las montañas de piedras y amasijos de vigas buscando sus haberes, sus recuerdos y objetos personales.
Un señor recupera un traje polvoriento aún colgado en la percha y un acuario milagrosamente intacto donde aún nadan los pececitos, mientras los carabineros le ayudan a recoger fotos y cuadros enmarcados.
Más lejos, una mujer se desplaza con dificultad entre los enormes bloques de cemento armado que obstaculizan la entrada de lo que fue su casa.
«Era mi casa y también el lugar donde trabajaba. Estos son las máquinas que habíamos comprado para fabricar queso. Invertí 150.000 euros, ojalá funcionen», explica Sara, mostrando los enormes aparatos de hierro.
«Esto es una pesadilla. No se puede vivir más aquí, hay que tratar de salvar lo máximo», asegura.
A través de los fragmentos de la casa aún en pie se pueden ver pedazos de tapicería y el armazón de un aparato de cocina.
«No se puede salvar nada. El 100% de las casas de Onna fueron declaradas inhabitables e insalubres. Sólo algunas residencias nuevas que fueron construidas con cemento y no en piedra resistieron. Pero nada quedó en pie», explica el comandante de los bomberos, Andrea Di Lena.
«Allá recuperamos cinco muertos. De allá sacamos a una pareja con sus hijos de 18 meses y cuatro años», indica con el dedo frente a una pila de piedras, tierra y palos de la que sobresalen unos juguetes de plástico de colores.
Un gato abandonado maúlla desde un balcón que podría derrumbarse en cualquier momento.
Desde el lunes, se han producido más de 200 réplicas de diferente intensidad y no se descarta la caída de más estructuras tambaleantes.
Decenas de habitantes van y vienen continuamente entre el pueblo destruido y sus coches atravesando, con carretillas, cajas de cartón y bolsas de plástico, un enorme campo en el que fue abandonado un ataúd vacío, un siniestro recordatorio.