Los israelíes votaban hoy en unas elecciones muy reñidas entre el halcón Benjamin Netanyahu y la centrista Tzipi Livni, que prometen además un avance del ultranacionalismo favorecido por un giro a la derecha de la opinión pública tras la ofensiva en Gaza.
Más de 5,2 millones de israelíes estaban llamados a las urnas en 9,263 colegios electorales en todo el país, en unos comicios que serán cruciales para el futuro del proceso de paz en Oriente Medio.
Las fuertes lluvias y las ráfagas de viento hacían temer que la participación en las decimoctavas elecciones legislativas de Israel cayese por debajo del 62%, su nivel más bajo en los 60 años de historia del país.
Durante semanas, los sondeos de opinión dieron la ventaja a Netanyahu, ex primer ministro (1996-1999) y líder del conservador Likud.
Pero en los últimos días, Livni, ministra de Relaciones Exteriores, recuperó parte del terreno perdido por su partido, el centrista Kadima, aún convalenciente de la serie de escándalos de corrupción que obligaron a dimitir al primer ministro Ehud Olmert.
«Bibi comenzó la carrera siendo una apuesta segura y la está acabando como una apuesta arriesgada», escribió un comentarista en el diario Maariv, llamando a Netanyahu por su apodo.
Un número récord de indecisos -en torno al 20%- agregaba suspense a una carrera electoral deslucida, que ha estado dominada por las cuestiones de seguridad tras la ofensiva israelí contra el movimiento islamista Hamas en la franja de Gaza.
La gran sorpresa de la campaña ha sido el avance meteórico de Avigdor Lieberman, un inmigrante soviético líder del partido ultranacionalista Israel Beiteinu («Israel es nuestra casa»), cuyos seguidores no han dejado de crecer a raíz de la guerra de Gaza y de su promesa de golpear con puño de hierro a los enemigos de Israel.
Los sondeos de opinión sitúan al partido de Lieberman en tercera posición, desplazando al Partido Laborista y convirtiéndolo en una pieza clave para formar el rompecabezas gubernamental.
No se espera que ninguno de los partidos logre más de un tercio de los 120 escaños de la Kneset -el Parlamento unicameral- y las negociaciones de coalición prometen ser duras.
En el complicado sistema político israelí, el presidente elige tras las elecciones legislativas al cabeza de lista que tiene, en su opinión, más posibilidades de formar una coalición de gobierno que sume 61 escaños, aunque su partido no haya obtenido el mayor número de diputados.
Los últimos sondeos pronosticaban entre 25 y 27 escaños para el Likud, de 23 a 25 para Kadima, unos 18 o 19 para Israel Beitenu, y entre 14 y 17 para el Partido Laborista.
Si es elegido, Netanyahu, de 59 años, ha prometido derrocar a Hamas del poder en Gaza y poner fin al disparo de cohetes palestinos contra el sur de Israel que ha continuado esporádicamente desde que el 18 de enero un frágil alto el fuego puso fin a 22 días de una violenta operación militar que dejó más de 1.300 palestinos muertos.
Netanyahu ha declarado su intención de formar un gobierno de unión nacional que incluya al Partido Laborista de Ehud Barak, ministro de defensa, y al Kadima de Livni.
La ministra de Relaciones Exteriores, de 50 años, abogada y antigua agente de los servicios secretos del Mosad, goza de una reputación de integridad que le ha permitido quedar al margen de los escándalos de corrupción que manchan desde hace años la política israelí y llevaron a Olmert a dimitir.
La Autoridad Palestina ha evitado expresar públicamente su preferencia por uno u otro candidato, pero tiene esperanzas en que el presidente estadounidense Barack Obama les ayude a asegurar que el nuevo primer ministro no entierre el titubeante proceso de paz.