Israel lanza decenas de ataques aéreos en Gaza


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Israel bombardeó hoy la Franja de Gaza con casi 200 ataques aéreos, informaron las fuerzas armadas israelíes, en una ampliación de las operaciones contra el lanzamiento de cohetes de los milicianos para incluir las oficinas del primer ministro de Hamas, una estación de policía y una extensa red de túneles usados para el contrabando.

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Por IBRAHIM BARZAK y AMY TEIBEL CIUDAD DE GAZA / Agencia AP

Los nuevos ataques a la franja gobernada por la organización islámica ocurrieron después de un profuso lanzamiento sin precedente de cohetes sobre la disputada ciudad santa de Jerusalén, los cuales incrementaron los intereses en juego en la violenta confrontación de Israel con los milicianos palestinos y aumentaron considerablemente la extensión del campo de batalla.

La aviación militar de Israel también siguió acometiendo contra sus blancos originales, los depósitos de armas de los milicianos y los sitios subterráneos para el lanzamiento de cohetes. También arremetió con más agresividad contra los contingentes que disparan cohetes. Las fuerzas armadas llamaron a miles de reservistas y concentraron soldados, tanques y otros vehículos blindados en la frontera con Gaza, en una señal de que podría ser inminente una invasión por tierra.

Los milicianos, impávidos ante los ingentes daños que los ataques israelíes han infligido, han disparado unos 500 cohetes contra el Estado judío, entre los cuales había nuevos proyectiles de mayor alcance que esta semana fueron dirigidos por primera vez hacia Jerusalén y el corazón de Tel Aviv.

Después de esas operaciones, las fuerzas armadas instalaron el sábado en el centro de Israel una batería anticohetes del sistema de defensa aéreo Cúpula de Hierro. El sistema, creado precisamente para contener la amenaza de los cohetes procedentes de Gaza, fue implementado dos meses antes de la fecha prevista, informó el Ministerio de Defensa.

Nueve personas, incluidos ocho milicianos, fueron muertas y decenas resultaron heridas en los diversos ataques en la madrugada del sábado, dijo el funcionario Ashraf al-Kidra, del sector de salud en Gaza. En total, 39 palestinos, entre ellos 13 civiles y tres civiles israelíes, han muerto desde que comenzó la operación israelí.

Una delegación de alto nivel de Túnez, dirigida por el canciller Rafik Abdessalem, capeó el enfrentamiento y llegó por tierra a Gaza el sábado. Su primera escala fueron las ruinas todavía humeantes de la oficina del primer ministro, Ismail Haniye.

Esta es la primera visita oficial de Túnez desde que Hamas ocupó el territorio con violencia en 2007. El primer ministro de Egipto estuvo de visita el viernes y una delegación de Marruecos prevé llegar el domingo. Todo esto después de la visita histórica del gobernante de Catar el mes pasado que implicó reconocimiento político.

El edificio de oficinas donde estaba el despacho de Haniye fue reducido a escombros por un ataque aéreo que también destruyó ventanas en casas aledañas. Haniye no estaba dentro del inmueble al momento del ataque.

El jefe de seguridad del edificio dijo que Hamas tuvo aciertos pese a la superioridad militar de Israel.

«Hamas respondió a la agresión sionista y le pegó en lo profundo de su tierra», afirmó en referencia a los ataques con cohetes del viernes en Jerusalén y Tel Aviv.

Los misiles derrumbaron dos pequeñas instalaciones de las fuerzas de seguridad y las amplias oficinas centrales de la policía de Hamas en Ciudad de Gaza, donde provocaron un colosal incendio que destruyó casas vecinas y vehículos de civiles en las afueras, informó el Ministerio del Interior. No había ocupantes en los inmuebles.

CONFLICTO PREVISIBLE

Desde que Israel completó hace cuatro años una devastadora ofensiva militar en la Franja de Gaza, el alto comando había advertido que sólo era cuestión de tiempo para que se produjera la siguiente ronda de enfrentamientos. La violencia estalló esta semana con poco aviso, empujada por la ambición de Hamas de estar presente en los cambios del Medio Oriente y por un gobierno israelí que reaccionó ante las protestas del público sobre los ataques con cohetes a escasas semanas de las elecciones generales.

Se trata de un enfrentamiento de voluntades impulsado por convicciones contradictorias y descontroladas que se han visto alimentadas durante años por dos sociedades con profundos antagonismos que almacenan algo en común: un arraigado sentido del reclamo histórico y el trato discriminatorio.

Desde el punto de vista de Israel, el hecho de haber retirado soldados y asentamientos de Gaza en el 2005, después de 38 años de ocupación, debería haber sido más que suficiente para poner fin a los problemas con los 1,6 millones de palestinos que residen en el lugar. Los continuos ataques de cohetes, especialmente desde que los milicianos de Hamas se impusieron en 2006 en la franja contra Fatá, la facción palestina más moderada, se consideran atrocidades que justifican que se apliquen medidas extremas. Ningún país, alegan los israelíes, podría tolerar una década de ataques con cohetes.

Ese punto de vista se conjuga con un reclamo histórico mucho más profundo, el hecho de que los israelíes sienten que su movimiento sionista fue fundamentalmente un regreso al hogar después de dos milenios de exilio pero que fue recibido desde un comienzo por el rechazo y la violencia de los árabes. El holocausto de 6 millones de judíos bajo los nazis y la Segunda Guerra Mundial mientras los judíos construían su estado en espera enardecieron la sensación de trato discriminatorio acompañado de una desconfianza del mundo y una obsesión por la autosuficiencia.

Por su parte, Hamas rechaza cualquier conexión de los judíos a la Tierra Santa y percibe a Israel como un retén colonial en el propio corazón del mundo musulmán, por lo que se le debe destruir. Y entre los palestinos, especialmente entre los habitantes de Gaza, persiste un gran sentido de discriminación que nace directamente de las miserables condiciones de vida en un estrecho litoral, hacinados y empobrecidos. Los soldados y los colonos israelíes pueden haberse marchado pero Israel continúa bloqueando sus fronteras con Gaza y sus costas por temor a las importaciones de armas y además controla su espacio aéreo, y eso hace que piensen que Gaza sigue «ocupada» y por lo tanto «la resistencia» tiene legitimidad.

Esa convicción se suma a un arraigado odio hacia Israel debido a que tres cuartos de los pobladores de la franja de Gaza son refugiados o descendientes de refugiados que perdieron sus viviendas en el territorio en que se creó Israel en 1948. Para muchos, el actual predicamento es un capítulo de una larga historia que culminará con la devolución de la histórica Palestina al control árabe y musulmán.

Dentro de ese contexto, el actual momento histórico significa un posible potencial para la inestabilidad y la escalada del conflicto.

La «primavera árabe» ha abierto muchas nuevas posibilidades para Hamas, que había sido estigmatizado por la comunidad internacional. Los cambios en la región han fortalecido a los islamistas por todo el Medio Oriente, lo que ha dado a Hamas a un nuevo reconocimiento. La visita del emir de Qatar el mes pasado y la misión de solidaridad del primer ministro de Egipto que encabeza un nuevo gobierno islamista han ilustrado la creciente aceptación de Hamas dentro de la nueva ecuación.

Pero Hamas ha pagado un precio frente a la opinión pública, especialmente entre su base conservadora y religiosa. La organización que ascendió al poder como un grupo de resistencia armada y que es considerado por Israel y Estados Unidos como una organización terrorista ahora es percibida como blanda por muchos en Gaza, desde sus antiguos miembros hasta los grupos más radicales influenciados por al-Qaida. Sus recientes ataques a Israel y el choque de esta semana son interpretados como una campaña para restablecer las credenciales milicianas de Hamas.

Sin embargo, Israel opina que la ofensiva de Gaza ha estado en preparación durante meses. Después de una ofensiva militar que fue lapidaria para Hamas hace cuatro años, la inteligencia israelí mantuvo la atención en el grupo y el reaprovisionamiento de su arsenal con armas de mayor potencia y cohetes de largo alcance.

Los ataques con cohetes se intensificaron en los últimos dos meses con más de 1.000 lanzados hacia territorio israelí, dijeron los militares. Un par de incidentes ocurridos la semana pasada constituyeron el punto de inicio de un considerable empeoramiento según Israel. Los milicianos de Hamas volaron primero un túnel a lo largo de la frontera israelí en un intento por atacar a los militares israelíes. A continuación dispararon un misil a un jeep israelí e hirieron a cuatro soldados de gravedad.

Los sucesos llevaron a reclamos entre la población israelí para que el gobierno responda a los ataques a las puertas de un intento de reelección el 22 de enero.

Aunque el gobierno ha desestimado que se trate de un cálculo político, la respuesta de Israel no se ha hecho esperar, pero el ejército dice que sólo se trata de detener los ataques con cohetes.

Sin embargo, existe un largo precedente histórico que data desde junio de 1981, cuando el entonces primer ministro Menachem Begin ordenó una incursión aérea que destruyó el reactor nuclear de Saddam Hussein en Osirak, en Irak. El ataque fue exitoso y Begin ganó las elecciones por un estrecho margen.

Quince años después el perdedor de esas elecciones, Shimon Peres, que estaba en el gobierno interinamente y tenía una inconveniente reputación de ser demasiado entusiasta con respecto a la paz, ordenó primero el asesinato de un fabricante de bombas de Hamas que fue recibido con una intensificación de ataques que empeoró sus posibilidades. Poco después, en abril de 1996, ordenó una campaña aérea contra Jezbolá en el Líbano pero no logró desbancar al grupo de ese país y manchó su imagen al provocar cuestionamientos ante la matanza por error de decenas de palestinos en un complejo de Naciones Unidas. Y perdió las elecciones.

Hace cuatro años, el hombre que derrotó a Peres entonces, Benjamin Netanyahu, protagonizaba un regreso político después de algunos años lejos del poder, con fuerte impulso en las encuestas. El gobierno de Ehud Olmert, mucho más moderado que Netanyahu, ordenó una operación contra Hamas.

La razón será familiar para cualquiera que vea las noticias de hoy: la opinión pública israelí estaba harta de los cohetes desde Gaza.