La iglesia musulmana encontró en Guatemala un espacio para crecer, en tanto que cada año recibe a más seguidores dispuestos a adorar a Alá y seguir los preceptos del Corán, pese a la discriminación y estigma que esto podría significar en una sociedad excluyente.
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Es innegable que los seguidores del islam conforman una minoría que crece a paso lento en Guatemala, pese a que la tendencia mundial es distinta en el resto del mundo, con una acelerada conversión de musulmanes en ífrica, Asia y Europa.
Aunque las más importantes comunidades islámicas se concentran en la Ciudad de Guatemala, en Huehuetenango, Quetzaltenango y Escuintla empieza la conformación de nuevos grupos de creyentes con planes de expansión.
Los líderes del islam en Guatemala reconocen que el lento progreso en el crecimiento de su religión se debe, en gran medida, a obstáculos que la sociedad no impone a otros credos, como el judaísmo o hinduismo.
En torno a la comunidad musulmana se han impuesto las barreras de la discriminación y la exclusión, que obedecen a la ignorancia y los prejuicios de la sociedad, que cuentan con el respaldo de la propaganda negativa que los medios de comunicación occidental hacen de los conflictos en el Medio Oriente.
«El Islam no crece imponiendo su religión, y queremos demostrar que somos una comunidad positiva y pacífica para la sociedad», dice Alberto González, líder de la misión Ahmadia del Islam.
DESDE LA TV
Alejandro Valdez, miembro de la comunidad virtual web Islam y autor de «Islam y Propaganda en Guatemala», reconoce que los estigmas sociales hacia el mundo Musulmán son evidentes en todo el mundo, pero son más imponentes en las sociedades con escaso desarrollo educativo.
Valdez observa en Guatemala a una «sociedad conservadora cristiana, en tanto que intolerante, pero liberal en tanto que desplazó al poder de las instituciones religiosas, aunque esto no significa que no incidan en la conciencia colectiva».
Entre los principales focos de generación de estigma y exclusión hacia los musulmanes se encuentran los medios de comunicación, que distorsionan la realidad sobre las prácticas islámicas y las entremezclan con el conflicto del Medio Oriente, que realmente obedecen a intereses económicos multilaterales de grupos individuales.
La Caída del Halcón Negro es un filme que ejemplifica el soporte que los medios de comunicación dan a los estereotipos sociales y el estigma social contra el islam planificado con intereses políticos por grupos económicos de poder, sostiene Valdez.
«El interés por presentar a los agresores (Ejército de Estados Unidos) como victimas de las circunstancias que los mismos terroristas «musulmanes» habían creado (genocidio y hambre) al final del film que regularmente es la parte en que el público se incorpora y se dispone a abandonar la sala», sostiene.
De la misma manera existe una gran cantidad de material audiovisual y escrito, con un contenido político, que descarga el odio y el resentimiento de las sociedades contra los musulmanes, explica Martin Hulbert, especialista en religiones.
«Desde la televisión y el cine nos muestran a los musulmanes como un pueblo agresivo y resentido contra todo el Occidente (…) los mensajes son enviados por grupos que intentan engañarnos y lo peor de todo es que lo están logrando», refiere el especialista.
INFORMACIí“N
González refiere que la mejor forma para acabar con la desinformación y las campañas negativas contra el islam es promover una campaña de divulgación «con la verdad» de esta religión.
«Afortunadamente, nos hemos dado cuenta que en la curiosidad de conocer: «a esa gente» (musulmanes) ha habido la oportunidad de dar a conocer el islam como lo reveló Dios al profeta Mohamed (Paz y Bendiciones para él)», sostiene Valdez.
«Vamos a aprovechar los medios a nuestra disposición para acabar con los estigmas hacia las comunidades musulmanas y a la vez, dar a conocer nuestras costumbres, prácticas y una nueva perspectiva de la vida que no hace daño a nadie», agrega González.
Existen temas específicos del islam sobre los que se han impuesto «verdades a medias», Alberto González, líder de la misión Ahmadia del islam, aclara algunas de ellas.
VIOLENCIA. «Amor para todos, odio para nadie», es el lema que nos identifica. Sin embargo, como todos los pueblos, estamos conscientes del derecho a la legítima defensa de cualquier nación. No aceptamos la opresión ni las imposiciones de un grupo sobre otro.
OPRESIí“N FEMENINA. El islam es la única religión que establece derechos iguales para hombres y mujeres en los ámbitos político, económico, patrimonial y social. En algunos países, grupos extremistas no cumplen con esta disposición, pero no forma parte y no es aceptada por los buenos musulmanes.
EXCLUSIí“N SOCIAL. Un rasgo distintivo del islam es su completa negación de que posea el monopolio de la verdad y que no hayan existido otras religiones verdaderas. EL Sagrado Corán nos indica que no existe raza o pueblo que no haya sido bendecido con la bondad de la guía Divina.