Isla confiscada a narco ahora es base naval antidrogas en Panamá


José Raúl Mulino (D), ministro de Gobernación y Justicia de Panamá, participa en las actividades de inauguración de la nueva base antidrogras en la isla Chapera, del archipiélago Las Perlas, la cual fuera incautada a un presunto narco. FOTO LA HORA: AFP MINISTERIO DE GOBIERNO

«Huevito», un perro salvado de morir ahogado en el mar, se ha convertido en la mascota de los policí­as destinados a la primera base naval antidrogas panameña, instalada en una paradisí­aca isla confiscada a un presunto narcotraficante colombiano.


Esta primera instalación naval antidrogas panameña, que contará con radares, está en la Isla Chapera, una de las 39 que conforman el Archipiélago de las Perlas, en el Pací­fico. En los próximos meses habrá en total 11 bases similares.

A 15 minutos en viaje en lancha desde Contadora, isla donde empezó a fraguarse en 1983 el proceso que condujo a la paz en Centroamérica, la Isla Chapera fue confiscada al colombiano José Nelson Urrego, preso desde 2007 en Panamá, acusado de ser jefe de telecomunicaciones del desaparecido cartel del Norte del Valle.

Agentes provistos de armamento de guerra y lanchas «zodiac» integran una Fuerza de Tarea conformada por tres agencias policiales panameñas para vigilar el mar y combatir el tráfico de drogas –y de inmigrantes– desde Sudamérica hacia Norteamérica.

«Nuestras expectativas son llegar a cubrir todo el litoral Pací­fico y el Caribe» panameño con estas bases, explicó a la AFP el comisionado Juan Vergara, jefe de la Fuerza de Tarea.

Mientras los policí­as desarrollan sus actividades y terminan de arreglar su cuartel, inaugurado el martes por el ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, «Huevito» ronda por el lugar moviendo la cola.

Un policí­a contó que la mascota de la estación naval llegó a la isla tras ser rescatada milagrosamente del mar luego de ser arrojada por la borda desde un yate de lujo.

En la isla también hay varios camiones, retroexcavadoras, aplanadoras y tractores que fueron confiscados a Urrego después de su detención, con los que pretendí­a construir un complejo turí­stico que contarí­a con pista de aterrizaje.

Pero no sólo el presunto traficante colombiano está molesto con el uso que Panamá le ha dado a su isla.

Polí­ticos opositores y sindicalistas de izquierda temen que el gobierno derechista de Ricardo Martinelli permita que estas bases sean utilizadas por militares estadounidenses, que salieron del paí­s hace una década luego de permanecer casi un siglo, desde el inicio de la construcción del Canal de Panamá.

«Primero anunciaron bases panameñas con apoyo norteamericano para después decir que eran sólo panameñas. Empezaron hablando de dos, luego cuatro, después ocho para terminar diciendo ahora que son once», dijo a la AFP el sindicalista Saúl Méndez.

«Siempre hay una excusa para encubrir lo que está ocurriendo, que no es otra cosa que seguir la lí­nea guerrerista norteamericana», agregó.

«Aquí­ alguien está mintiendo» sobre el verdadero propósito de las bases, dijo a la AFP Mitchell Doens, secretario general del Partido Revolucionario Democrático (socialdemócrata), el mayor de la oposición.

El gobierno de Martinelli ha negado que las bases escondan algún propósito polí­tico oculto. «Aquí­ no hay ninguna presencia de los Estados Unidos», dijo el ministro Mulino. «Todo aquí­ es panameño».

Además de bosques, en la isla hay varias cabañas construidas por Urrego, que ahora sirven de oficinas y dormitorio de los policí­as.

Todas las edificaciones estaban deteriorándose, pero fueron reacondicionadas.

Una pequeña playa con aguas cristalinas, bajo un brillante sol durante el dí­a, se utiliza como embarcadero. Sobre una loma cubierta de hierba también pueden aterrizar helicópteros. Y cerca de allí­ hay un sendero que conduce a la casa de «Huevito», una especie de garage para guardar herramientas.