¿Se fomenta la proliferación del partidismo politiquero?


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Los señores del gobierno que fueron instalados con toda pompa el 14 de enero del presente año se viven quejando entre lloriqueos porque “no hay recursos para surtir de medicinas al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social”; porque tampoco hay disponibilidad presupuestaria para construir o reconstruir escuelas en tales o cuales lugares; se viven quejando como lloricas porque el presupuesto del nuevo período fiscal no basta para cumplir las obligaciones internas y externas, etcétera.

Marco Tulio Trejo Paiz


¡Ah!, pero a petición y con presión de marrulleros líderes de la politiquería, del Tribunal Supremo Electoral, de la llamada Acción Ciudadana y de algunas universidades, según se sabe, puede disponerse, sobre todo a través del Congreso de la República, que se modifique una ley  aberrante que preceptúa la compensación a esos grupos organizados y en funcionamiento con cuatro dólares estadounidenses por cada voto que se haya depositado a su favor  en las urnas durante los jaleos comiciales.

El Estado gamonal,  por cierto sostenido por la sarta de impuestos que pagan (o pagamos) los contribuyentes, alimenta metálicamente, desde luego, a los entes que vienen proliferando con propósitos de treparse al guayabal o participar en el despanzurramiento de la piñata para lograr algún dulcito, como se ha visto en todos los tiempos, pero con mayor  avorazamiento en la actualidad, cuando se ha producido una alegre danza de sesenta mil millones de quetzales. 

Se prometió en la parranda eleccionaria, que dio vía libre hacia las posiciones burocráticas  al PP, que habría un cambio gubernamental (¿un cambio positivo o negativo?, se está preguntando el grueso del pueblo). Todavía no se ha visto el “trastrueque” anunciado en alta voz, a todo pulmón, en los mítines donde abundan los empleómanos  y arribistas, así como una multitud de mirones a los que se les tienta con gorritas, playeras  y otras cosillas propagandísticas…

Lo que piensa el “qualunque”; es decir, el hombre de la calle, es que mediante la gamonalidad estatal, a costillas de los pobladores de este solar centroamericano, es que los más avilantados líderes del partidismo politicante y politiquero tratan de preparar un futuro promisorio, tan promisorio como para inflar a más no poder las  organizaciones de la ya famosa politiquería que tan rotundamente desprestigiada está.

Tengan mucho cuidado, señores que tienen la sartén por el mango, al  disponer más pasto (léase pisto) a los partidos que han surgido como los zompopos  de mayo que revolotean al caer  las primeras lluvias de la temporada; frenen la politiquería en vez de fomentarla y/o engordarla; no olviden que los dineros del pueblo son sagrados y que no deben ser manoseados y  tirados irresponsablemente como por espuertas.

No hay que tocar a Dios con las manos sucias ni deben proceder con una mentalidad de aprovechados de lo que únicamente cuesta a los gobernados que alimentan con agobiantes gabelas a la superdesarrollada burocracia.  

La historia es inexorable, al punto que así como puede juzgarlos favorablemente, puede también  colocarlos en negras páginas como señalándolos significativamente con  índice acusador…

¡Sí, señores de la altura oficial, altura que por cierto  dista de ser eviterna! No nutran al inedificante partidismo politiquero y politiquiento, porque eso merece indignado  repudio de todo un pueblo que demanda verdaderos cambios positivos, no negativos.