Irresponsabilidad parlamentaria


De nada hacen tanta gala nuestros diputados como de la irresponsabilidad para atender los asuntos de su competencia. Prácticamente toda la agenda nacional se estanca porque los representantes no cumplen con sus obligaciones, ni siquiera con la elemental de asistir a las sesiones del pleno.


Creemos que la interpelación es un mecanismo de control importante que se desvirtúa porque muchos lo utilizan no para controlar al Ejecutivo sino para torpedear la agenda del Congreso. Pero lo más obvio ocurre cuando bancadas enteras se ausentan a la hora de la interpelación, lo que eterniza ese procedimiento y asegura que los temas más urgentes quedarán siempre pendientes.

No deja de llamar la atención que en plena interpelación del Ministro de Gobernación, encargado de la seguridad ciudadana, abandonen el hemiciclo o no se presenten diputados que dicen estar preocupados por la seguridad. Si tanta es su preocupación por la inseguridad, debieran aprovechar la interpelación para hacer sus propias repreguntas al funcionario de manera que se ponga en evidencia si están cumpliendo o no con sus obligaciones. Y de no ser así­, procederí­a el voto de falta de confianza, pero simplemente romper el quórum es insensato a irresponsable.

Debemos reconocer que las interpelaciones muchas veces no persiguen otra finalidad que la de distraer la atención del Congreso e impedir el avance de cuestiones fundamentales. Se ha convertido en un instrumento dilatorio más que en un mecanismo de control, como debiera ser dentro de un sistema semiparlamentario por la facultad que tendrí­a el Congreso de forzar a la dimisión de un ministro.

Pero si a eso se suma que las otras bancadas aprovechan el momento para entorpecer más aun el trámite de los negocios propios del Congreso, la única conclusión es que hay una absoluta y extrema irresponsabilidad en el Legislativo y que la misma tiene efectos graves en contra de la gobernabilidad del paí­s.

Mientras más rápido termine la interpelación de un ministro, menor peso tendrá el argumento de que se trata de maniobras dilatorias para afectar la agenda urgente del Congreso. Pero eso depende básicamente de que los diputados siquiera tengan la vergí¼enza de cumplir con la más elemental de las obligaciones que es la de asistir a las sesiones del pleno. No puede argumentar que tienen cuestiones partidarias importantes que les impiden estar en el pleno porque su principal obligación como diputados es asistir a esas sesiones.

Por eso es válido decir que el principal valladar para rescatar la funcionalidad del Estado y del sistema democrático es, justamente, el Congreso de la República porque sus diputados son los verdaderos obstáculos para que el paí­s avance.