Irlandeses protestan contra austeridad


Los manifestantes avanzaban cantando

Aproximadamente 50 mil irlandeses se manifestaron hoy contra el plan de rigor draconiano que quiere aplicar el gobierno, presentado como una condición indispensable para beneficiarse de un vasto programa de ayuda de la UE y el FMI.


El cortejo de unas 50 mil personas, según un cálculo de la policí­a, con un grupo de gaiteros en cabeza, salió de los muelles del rí­o Liffey hacia la GPO (General Post Office), lugar simbólico del centro de la ciudad donde fue leí­da en 1916 la declaración de la independencia.

Unos 700 policí­as y un helicóptero fueron movilizados para mantener el orden.

Los manifestantes avanzaban cantando «Nosotros somos el pueblo, nosotros tenemos los votos». Llevaban una banderola donde se podí­a leer: «Hay una ví­a más justa y mejor», en oposición al plan de austeridad destinado a sacar al paí­s de su elevado endeudamiento.

«Los recortes presupuestarios no son necesarios. Salvamos a los bancos, no a Irlanda. Son los bancos los que tendrí­an que sufrir, dejémoslos caer», se queja Marian Hamilton, una irlandesa de 57 años que teme que su subsidio de minusválida se reduzca.

Marian fue a la manifestación con su nieto de siete años. Su hijo emigró a Australia para encontrar trabajo.

Para Mark Finley, un trabajador de la municipalidad de Dublí­n de 28 años, «hay que sacar al gobierno y hacer huelga».

«Tenemos que enviar un mensaje claro a este gobierno. Mis ingresos se han visto reducidos en varios miles de euros en dos años», se queja.

«Es repugnante, los ricos guardan su dinero. No quiero que la vida de mis hijos esté arruinada», confirma su prima, Jennifer Lynch, de 26 años, con sus hijos de dos y cinco años.

Los sindicatos llamaron a la movilización contra el plan de rigor, que consideran «una declaración de guerra contra los trabajadores que ganan menos», en palabras de Jack O»Connor, presidente del principal sindicato irlandés, SITPU.

Las medidas de austeridad anunciadas el miércoles prevén ahorrar 15 mil millones de euros de aquí­ a 2014, mediante una reducción del gasto público y un aumento de impuestos.

Dentro de ese programa de rigor, los subsidios de desempleo y familiares serán reducidos, al igual que las jubilaciones de los funcionarios y el salario mí­nimo. Se prevé asimismo la supresión de 25.000 puestos de empleados públicos.

El plan tiene por objetivo reducir a 3% el déficit público irlandés, que se espera alcance este año el 32% del PIB. Es presentado como la condición sine qua non de un vasto programa de ayuda de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional para ayudar a Irlanda, en situación crí­tica a raí­z de las enormes deudas de sus bancos.

Se espera que el monto exacto de la ayuda internacional, que serí­a de unos 85.000 millones de euros, se anuncie el domingo o el lunes.

En Parí­s, fuentes próximas al tema indicaron el sábado que los ministros de Finanzas del Eurogrupo, y luego de los 27, se reunirán el domingo en Bruselas para discutir el plan de ayuda.

Fuentes europeas habí­an hablado antes de esa reunión, precisando que el objetivo es aprobar el monto de la ayuda a Irlanda y fijar las condiciones que Dublí­n debe cumplir en contrapartida.

Según la prensa irlandesa, Dublí­n reembolsarí­a ese préstamo con una tasa de 6,7%, muy superior al 5,2% pedido a Grecia, lo que aumentará la ira de la población. «Pagamos más que los griegos», tituló el Irish Sun, mientras el Irish Independent la calificaba de «tasa de interés punitiva».

«Los trabajadores comunes son obligados a pagar por los banqueros, los promotores y los polí­ticos corruptos», denunció Eamon Doyle, lí­der del sindicato de la ingenierí­a TEEU.

El descontento de los irlandeses se reflejó ya en las urnas el jueves, cuando el partido en el poder, Fianna Fail, sufrió una rotunda derrota en una legislativa parcial.

«Fue un referéndum sobre el plan» de austeridad, estimó el Irish Sun. Esta derrota puede ser el presagio del resultado de las elecciones anticipadas que el gobierno se vio obligado a anunciar para principios de 2011 a fin de evitar la explosión de la coalición en el poder.