Irán refuerza lucha contra el narcotráfico


Un policí­a antinarcóticos iraní­ monta guardia en la frontera de Irán y Afganistán.

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<p>A primera vista se trata de un bocadillo de pollo, pero bajo su envoltorio de plástico hay cannabis de primera calidad producido en Pakistán, una de las drogas que entran en Irán ilegalmente y contra las que Teherán está dispuesto a reforzar su lucha.</p>
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Los curiosos bocadillos forman parte de una partida de droga recientemente decomisada y que la policí­a iraní­ mostró esta semana a un grupo de diplomáticos extranjeros y periodistas en la frontera oriental del paí­s, para convencer a la comunidad internacional del interés en ayudar a Teherán a luchar contra el narcotráfico.

Irán es una de las principales ví­as de tránsito de la droga afgana hacia Oriente Medio y los paí­ses occidentales. En 2008 confiscó unas mil toneladas de hachí­s, opio y heroí­na, es decir, un tercio del total los estupefacientes entrados ilegalmente en el paí­s, según una estimación oficial.

El opio, en su mayorí­a de origen afgano, pasa a Irán en sacos de yute con nombres en persa o darí­, un dialecto afano, como «Setareh Helmand» (estrella de Helmand) o «Jamileh» (magní­fico).

En Afganistán cuesta 51 dólares el kilo. Pero ese precio se quintuplica una vez que la droga pasa la frontera iraní­ y llega a los 1.500 dólares en Teherán.

Según la ONU, alrededor del 40% de las 7.700 toneladas de estupefacientes producidos en Afganistán en 2008 pasó por Irán, donde la droga hace estragos entre su población.

La lucha contra el narcotráfico es una tarea titánica para la policí­a iraní­, que debe controlar más de 1.800 kilómetros de frontera desértica con Afganistán y Pakistán.

También es una tarea peligrosa, dados los 3.700 miembros de las fuerzas del orden muertos en decenios de lucha contra narcotraficantes armados hasta los dientes.

Irán lo ha intentado todo, desde la creación de fuerzas especiales a los ahorcamientos públicos de traficantes.

Ahora ha decidido dar publicidad internacional a su combate.

En este contexto, el jefe de la policí­a iraní­, Esmail Ahmadi Moghadam, organizó la visita de los diplomáticos y periodistas, para que «vean nuestro combate» y se pueda «lograr su apoyo y una ayuda financiera», declaró en Zahedan (sureste), la capital de la provincia de Sistán-Baluchistán, cercana a las fronteras afgana y paquistaní­.

En los últimos tres años, Irán ha duplicado sus guardias fronterizos, ha construido 80 km de muros, 160 torres de vigilancia y 460 km de fosos con el objetivo -según explicó Moghadam- de «garantizar en los próximos dos años la seguridad de toda la frontera de Sistán-Baluchistán», de 900 km de longitud.

Para complicar más las cosas, las fuerzas del orden también deben hacer frente regularmente a un grupo rebelde, el Jundala, que reivindica la autonomí­a de la minorí­a de Baluchistán.

Durante la visita al lugar, el italiano Antonio Marí­a Costa, responsable de la lucha antidroga de la ONU (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, UNODC), pidió a la comunidad internacional que reconozca el esfuerzo de Irán.

«Su polí­tica de lucha contra la droga es una de las mejores del mundo. No conozco ningún otro paí­ses que realice tantos esfuerzos», añadió al precisar que la mayorí­a de esa lucha se financia localmente.

Irán afirma haber gastado unos 800 millones de dólares desde 2006 en el refuerzo de los controles de su frontera oriental.

El opio, en su mayorí­a de origen afgano, pasa a Irán en sacos de yute con nombres en persa o darí­, un dialecto afano, como «Setareh Helmand» (estrella de Helmand) o «Jamileh» (magní­fico).