El actual presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, amplió la influencia del puesto en su primer mandato, pero, en última instancia, es «el segundo personaje más poderoso» del Estado, como escribió el politólogo iraní Karim Sadjadpur en un informe reciente de la Carnegie Endowment for International Peace.
Quien verdaderamente «toma las decisiones» en el régimen iraní es el Guía Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, quien, según la Constitución, «define las políticas generales» del país.
El limitado poder del presidente explica en parte la derrota de los candidatos reformistas en las elecciones presidenciales de 2005.
Sus partidarios no habían digerido la incapacidad del presidente saliente Mohammad Jatami para superar la oposición a las reformas de otros órganos, en particular los controlados por el guía supremo, como la justicia.
Ahmadinejad ha tratado de ampliar su autoridad, dijo un diplomático occidental con puesto en Teherán, que precisa que «es alguien que formalmente acepta los límites institucionales de su cargo, pero que los burla con una política de cambio intensivo de los cuadros».
Así, despidió a dos directores del Banco Central y a un ministro de Economía que se oponían a su política de gasto público.
«La influencia del gobierno en materia económica es crucial por cómo se elabora y aplica la política en este ámbito y por cómo se coordina con el Parlamento», dijo Shahabedine Sadr, uno de los principales responsables de la corriente conservadora.
Esto ha funcionado, por ejemplo, haciendo caso omiso de las prerrogativas del Parlamento en cuanto al presupuesto, e incluso poniendolo ante el hecho consumado después de haber gastado más de lo previsto.
Una tal emancipación es inútil sin embargo en los campos más sensibles de las cuestiones sociales o de la política exterior.
Así, el presidente Jatami no pudo impedir la represión del movimiento estudiantil de 1998 o el cierre masivo de periódicos por los tribunales.
El principal rival del actual presidente en las elecciones del 12 de junio, Mir Hosein Musavi, que es apoyado por Jatami, quiere revisar «todas las leyes consideradas discriminatorias e injustas para la mujer».
Para ellos tendría, sin embargo, que vencer la resistencia del Parlamento, la judicatura y el Consejo de Guardianes, dominados por los conservadores.
En cuanto a la política exterior, «la dirección general es decidida por el guía, aprobada por el parlamento y aplicada por el gobierno», dijo Sadr.
El diplomático occidental agrega por su lado que el presidente «no determina la política, pero la influencia y la forma a la opinión pública sobre estos temas».
Esto es particularmente cierto en cuanto al programa nuclear iraní, que le ha valido a Irán varias resoluciones y sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
De los cuatro candidatos presidenciales, el reformista Mehdi Karubi fue el única que reconoció que esta cuestión «no es de (su) campo (…) sino del guía supremo».
Lo mismo ocurre con un eventual restablecimiento del diálogo con Washington. El candidato conservador Mohsen Rezai se ha dicho dispuesto a trabajar «por una interacción seria con Estados Unidos».
Pero, como subraya Sadjadpur, el Guía Supremo «resistió» con éxito el deseo del presidente Akbar Hashemi Rafsanjani (1989-1997) de «alcanzar un modus vivendi con Washington».
La campaña para las elecciones presidenciales de mañana en Irán llegó a su fin tras tres semanas de acerbas acusaciones entre candidatos y masivas manifestaciones de sus seguidores, a un nivel inédito en la República Islámica.
En los comicios de mañana se enfrentarán el presidente ultraconservador saliente, Mahmud Ahmadinejad, de 52 años, que llegó al poder en 2005 y su principal rival, Mir Hosein Musavi, un moderado de 67 años, que aspira a volver al primer lugar tras una ausencia de 20 años.
Unos 46 millones de iraníes están habilitados para votar en los colegios electorales que abrirán a las 8:00 horas locales y podrán permanecer abiertos hasta la medianoche, en función de la participación.
En todo caso, el jefe de la comisión electoral, Kamran Daneshjoo, predijo una participación «récord».
Los resultados oficiales se esperan para las 24 horas posteriores al cierre de los colegios electorales.
Si ninguno de los candidatos obtiene el 50% más un voto, habrá una segunda vuelta el 19 de junio.
Esta campaña habrá reflejado las profundas divergencias en Irán luego de cuatro años de mandato de Ahmadinejad, cuya dura retórica sobre la crisis nuclear y contra Israel ha aislado más aún a Teherán de Occidente y cuando sus políticas económicas expansionistas le valieron críticas internas.
Los analistas dudan en elegir un vencedor, pero sugirieron que el futuro presidente -que es la segunda persona más poderosa de Irán después del guía supremo, el ayatolá Alí Jamenei- podría conocerse recién en la segunda vuelta.
Durante esta campaña, la tensión alcanzó momentos fuertes, como cuando los candidatos se insultaron mutuamente por televisión y se acusaron de mentiras y de corrupción, con un rencor sin precedentes.
Ayer, Ahmadinejad, que en reiteradas ocasiones dijo que el Holocausto era un mito, acusó a sus rivales de recurrir a «tácticas similares a las de Hitler» para ponerle en contra a la opinión pública, indico la agencia iraní FARS.
Partidarios de Ahmadinejad y de Musavi, principalmente, y también de los rivales Mhedi Karubi (reformista) y Mohsen Rezai (conservador), protagonizaron en las últimas semanas masivas manifestaciones callejeras en un ambiente de fiesta.
Al anochecer, jóvenes y familias con niños, circulaban en vehículos decorados con fotografías o adhesivos de sus candidatos con los colores verde para Musavi y banderas iraníes para Ahmadinejad.
Las ciudades y pueblos apoyaron a Ahmadinejad, mientras que las mujeres y hombres jóvenes de las grandes ciudades se inclinan por Musavi.
Musavi prometió mejorar las relaciones con el extranjero, aun cuando es improbable que pueda modificar la política nuclear pues el conjunto de las decisiones estratégicas son jurisdicción del guía supremo, el ayayolá Ali Jamenei.
En los debates por televisión, Musavi afirmó que la política exterior de su rival había «perjudicado la dignidad de Irán» y junto a otros rivales, acusaron al presidente saliente de «administrar mal» la economía.
Ahmadinejad, que trató de defender su imagen de hombre del pueblo, los acusó de deshonestidad y de recibir «ventajas financieras» y hasta acusó públicamente a la esposa de Musavi, Zahra Rahnavard, de haber obtenido ilegalmente su doctorado en Ciencias Políticas.
«Una cosa es clara: en el futuro, en Irán no habrá más debates por televisión para los candidatos a la presidencia. No reaccionaron con madurez», consideró un diplomático extranjero en Teherán.
Las críticas de Ahmadinejad llevaron incluso al ex presidente Akbar Hachemi Rafsanyani, derrotado en 2005 y ahora partidario de Musavi, a protestar ante el ayatolá Jamenei y a advertirle sobre posibles disturbios.
En el caso de que sea derrotado, Ahmadinejad será el primer presidente iraní saliente que no es reelegido para un nuevo mandato.