¿Queremos cambiar? Empecemos por el Congreso


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Por favor dejémonos ya de frases estereotipadas. Ya es hora de poner manos a la obra y dejarnos de promesas, de hablar de la nueva era o de ofrecer el oro y el moro, cuando la forma de gobernar el país sigue siendo la misma cosa, la misma corrupción, las mismas componendas, las mismas leyes sin aplicar, la misma forma de engavetar las disposiciones legales que en verdad pudieran arrancar de raíz tantos males que afectan el desarrollo y progreso del país.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


¿Es que no han sido suficientes los 27 años que llevamos de la llamada “nueva era democrática” para percatarnos que si en verdad deseamos cambiar debiéramos empezar por lograr que el Organismo Legislativo funcione como Dios manda, pues por la forma que ha venido operando se transformó en la cuna de todos los males que nos afligen?

Veamos estimado lector, ¿quién o quiénes son los únicos que pueden fiscalizar lo que hace el Gobierno con los fondos públicos que recibe anualmente? ¿No es el mismo Congreso que derrocha muchos millones de quetzales que mejor debieran emplearse en menesteres de carácter vital para la población?, ¿qué clase de representantes hemos tenido los últimos 27 años, acaso la mayoría no han sido personas descalificadas para servir en puestos de la menor jerarquía sin embargo, logrando de mala manera los fondos necesarios con ello compran  descaradamente su curul?

¿Es usted de las personas que se desespera cada vez que  bloquean las vías de comunicación del país y alguna vez se ha puesto a pensar que eso y mil cosas peores van a seguir ocurriendo, mientras los Organismos Ejecutivo y Judicial no respondan al clamor popular de ordenar su funcionamiento sobre las bases y principios de honestidad, legalidad y eficiencia? Para serle sincero, si alguna vez he estado de acuerdo en impedirle la libre locomoción a un conciudadano es para evitar el ingreso a la partida de vagos que solo llegan a vivir a expensas del erario nacional al recinto parlamentario y por ello lo han transformado en el lugar de vulgaridades, de hartazones, de tranzas y de pésimos ejemplos para la ciudadanía en general.

¿Cómo le podemos pedir a los jueces que sean honestos, rectos y apegados a la ley si nuestros representantes no lo hacen?, ¿cuándo vamos a estar en capacidad de exigirle al primer mandatario y a sus colaboradores que cumplan con sus obligaciones y deberes, si quienes hablan en nuestro nombre no tienen la hidalguía de poderlo hacer de frente, mucho menos la capacidad y la entereza suficiente? Estamos por terminar un año más en que repetimos las historias de siempre, contratos onerosos, concesiones perjudiciales, servicios públicos deficientes o que el Presupuesto de Ingresos y Gastos de la Nación se utilice al sabor y antojo de corruptos funcionarios. ¿Es que vamos a empezar y terminar el 2013 repitiendo las mismas quejas y lamentos?