El miércoles 10 de julio la Junta Monetaria entró a conocer si aprobaba o no el dictamen de emisión de Q3,500 millones para que los mismos sirvieran de pago a una dudosa y cuestionada deuda de arrastre adquirida en los gobiernos de Óscar Berger, Álvaro Colom y el que preside Otto Pérez Molina. Independiente del origen y legalidad de la deuda, era obligación de la Junta Monetaria emitir dictamen por cuanto una deuda en bonos de esa dimensión tiene una enorme trascendencia en la economía presente y futura del Estado y más aún del pueblo de Guatemala.
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El recién estrenado y también cuestionado representante titular de la Universidad de San Carlos ante la Junta Monetaria, Rodrigo Ponce Chavarría había solicitado previamente reunirse con el Rector y con el Consejo Superior Universitario de la Usac para informarles que votaría en contra de dicho dictamen. Siendo escuchado y hasta despedido con aplausos en el CSU por su procedente actitud; sin embargo, a las pocas horas, por obra y gracia de dos opiniones de los técnicos del Banco de Guatemala o como Judas que actuó por unas cuantas monedas de plata, Rodrigo Ponce cambia su posición y vota a favor del dictamen como lo hicieran los miembros de la Junta Monetaria que representan al Estado: Edgar Barquín, presidente del Banguat; Pavel Centeno, ministro de Finanzas; Sergio de la Torre, ministro de Economía; Elmer López, ministro de Agricultura y Luis Fernando Pérez, representante del Congreso.
¡Increíble! Una actitud, un voto de esa trascendencia compromete a la Universidad de San Carlos, a su Rector, al Consejo Superior por cuanto nos guste o no Rodrigo Ponce Chavarría es un funcionario público que representa a la Usac como titular en la Junta Monetaria. Más deplorable aún, Rodrigo públicamente -al ser entrevistado en un conocido programa de radio- desvaría y pretende justificar su cambio de posición con el argumento que el Ministro de Finanzas le concedió que beneficiaría económicamente a la Usac, hecho que no solo es ilegal, sino Ponce Chavarría, funcionario público, no es quién para representar en sus requerimientos presupuestarios y en las correspondientes contribuciones a la Usac. ¿No será que como decía el diputado de otras épocas Héctor Aragón Quiñonez: “La vergüenza pasa, pero la platita queda en casa”.
Rodrigo ha evidenciado que no merece ser funcionario público y representar a nadie en ningún lugar y lo menos que el Consejo Superior Universitario de la Universidad de San Carlos puede hacer, es emitir un voto de desconfianza a su “disque” representante y requerirle la renuncia inmediata, si no lo hacen estarían consintiendo, aceptando y hasta avalando lo actuado y votado por este representante que si tuviera un solo dedo de frente debería renunciar en carácter de urgente a una representación pública que indudablemente no puede continuar ejerciendo.
A Rodrigo, después de escucharlo en el programa de radio se le aplica esa expresión tan popular en Chile: “el creí que… el pensé que… es la causa del cagué que” y al igual que a los niños de reciente edad no hay duda que se “zurró” y lo que le hayan podido dar no importa porque su acción y su voto apesta, lo mismo que apesta el voto de quienes lo hicieron a favor, especialmente por sus antecedentes y origen de Sergio de la Torre, ministro de Economía, exdirectivo de la Cámara de Industria y del CACIF, que evidentemente también se plegó a quienes quieren estos Q3,500 millones para ser chinche políticamente, aprobando un endeudamiento al que públicamente las cámaras empresariales de Industria, Comercio y del Agro se han opuesto.
¡Guatemala es primero!