¿Qué papel jugará Velásquez?


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Iván Velásquez, el nuevo Comisionado de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) ya cumplió una semana completa al frente del cargo y solo ha tenido algunas reuniones y breves apariciones que no nos permiten determinar exactamente cómo será el ritmo de la CICIG en lo que queda de mandato.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


El gobierno de Otto Pérez ha dejado en claro que su deseo es que Velásquez sea únicamente la persona encargada de llevar a cabo la transición de conocimientos, métodos y casos de la CICIG hacia el Ministerio Público (MP), porque desean asegurarse que ninguno de los negocios que se están haciendo en este gobierno de forma desbocada, vaya a ser investigado.

La actual Fiscal General hasta el momento no ha sido una piedra en el zapato en el tema de la corrupción  y a pesar de ello no será reelegida como consecuencia que el Ejecutivo querrá tener totalmente amarrada esa pieza de la ecuación. Por lo tanto, habrá que ver cuál será el comportamiento de la Fiscal hasta el fin de su mandato que probablemente será en mayo próximo.

Nunca en la vida es tan tarde, pero para Claudia Paz y Paz ha pasado demasiado tiempo sin que logre poner los grandes negocios y sus respectivos responsables como el eje de su gestión, ni tampoco ha salido a denunciar los obstáculos que ha encontrado en esa materia y su único “logro” ha sido  perseguir por corrupción a unos cuantos alcaldes descarados del interior del país que si mucho son tan largos como los que los que hemos tenido en la ciudad capital.

No obstante ahora, con la presencia de Velásquez y si éste decide usar la lucha contra la corrupción como su mejor y casi que única carta, será una oportunidad de oro para que Paz y Paz pueda darle un giro al timón del MP. ?

Si yo fuera miembro del Gobierno, del Congreso, un juez corrupto, exfuncionario, un operador político para la elaboración de negocios con el dinero del Estado, contratista o traficante de influencias (del sector público o privado), también estaría nervioso  de tener al frente de la CICIG a la persona que se enfrentó a Álvaro Uribe en Colombia, a pesar de su popularidad y poder, en el tiempo en el que éste era nada más y nada menos, Presidente de su país.

El fin de semana tuve la oportunidad de compartir con un amigo colombiano al que le pregunté por el juez Velásquez y cómo era percibido;  tras contarme todo lo que había hecho contra el círculo de Uribe por el financiamiento del paramilitarismo y corrupción, me dijo: «depende desde el bando en que se esté, o es el peor tipo que hay o es lo mejor que puede haber en un sistema judicial».

Desde el bando en el que estoy yo, ojalá sea la mejor pieza que nuestro sistema de justicia pueda tener. Claro que preferiría que un guatemalteco fuera quien nos pudiera enseñar el camino, pero resulta que nosotros por complicidad o indiferencia, hemos terminado de cimentar un sistema perfecto para que el más mafioso, mañoso e inescrupuloso saque ventaja.

Las redes de poder oculto que usan desde jueces, fiscales, operadores de todo tipo, funcionarios públicos,  abogados, auditores, financieros, periodistas, contratistas y más, han tejido de forma tan compleja la red de impunidad que alienta la corrupción (un crimen de lesa humanidad) y tantos otros, que  para enfrentarlas se requieren golpes de efecto a las cabezas de las estructuras y a quienes sin dar la cara, han dirigido el circo por años.

Por ello es que ojalá Velásquez, con el apoyo total de Paz y Paz, centre su lucha contra la corrupción y si lo hace, el apoyo social que debe emanar de nosotros los ciudadanos ante el deseo y liderazgo de quien se proponga iniciar esa batalla, debe ser total; más si nos decimos cansados de vivir en el sistema podrido,  aunque los que pudieran llegar a caer sean nuestros conocidos o gente que se dice honorable.

Por el bien de Guatemala, ojalá Velásquez emprenda una cruzada contra la corrupción dado que es urgente mandar un mensaje fuerte y claro, que legalmente quien la hace la paga.