¿Qué hacer con un vehículo totalmente descompuesto?


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Se ha vuelto costumbre que cada vez que termino de conducir el programa radial Opiniones que se transmite los domingos por Emisoras Unidas, en el que más de medio centenar de personas expresan el tremendo desagrado e inconformidad que les embarga porque nuestro vehículo político no hay modo que funcione adecuadamente conforme a nuestras necesidades, me hago la misma pregunta: ¿Qué hacer con él si nada le funciona bien, si todo trabaja mal o anda de cabeza? No, no es queja, sino que es tal el descalabro que vemos a diario que debiera ameritar que cada uno de los guatemaltecos anduviéramos buscando qué hacer para que el vehículo estatal sea útil para lograr el objetivo del bien común.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Si el estimado lector me acompaña en este brevísimo análisis podremos llegar a la conclusión que nuestros políticos tienen al organismo Ejecutivo gastando a más no poder para corregir el funcionamiento de las piezas que hacen funcionar la transmisión, sin que puedan soportar más chapuces de los que se le han hecho, sino que ameritan una sustitución o reparación total. Pero si vemos el estado lamentable en que se encuentra el Legislativo ¿no dan ganas de tirar toda la carrocería al cesto de la basura y como decía el General Ydígoras hacer “borrón y cuenta nueva”? Y para colmo de males, tenemos al Judicial como un carburador totalmente incapaz de alimentar debida y adecuadamente el indispensable combustible para hacer funcionar el vehículo estatal, pues habiendo perdido hasta su propia dirección no ha podido sustituirla.

    De verdad, es triste y decepcionante para la población que pudiendo tener un vehículo en buen estado de funcionamiento útil al menos para prestar los indispensables servicios esenciales, a estas alturas  no pueda caminar siquiera en línea recta. Porque seguimos dando tumbos por todos lados en cuanto a la seguridad ciudadana; también porque los servicios de salud son cada día más ineficientes ante una creciente demanda de los mismos, sin que se preste la adecuada prevención a su ocurrencia. ¿Y la infraestructura que cada día se anda cayendo en pedazos, la que en vez de repararla adecuadamente el dinero que debiera invertirse en ello se malgasta para satisfacer las ambiciones políticas personales que nunca faltan?

    Como en todas las cosas en donde está metida la política, quienes terminan pagando el pato de todo descalabro son siempre los pobres, los jóvenes y los niños. ¿Injusto verdad? Por lo que si la población en su mayoría sigue tendida en la hamaca de la conformidad, de la indiferencia, como del dejar hacer y dejar pasar, sin evitar la incontenible caída que cada día que pasa provoca ser más dañina, fuerte y hasta desastrosa. ¿Entonces por qué no empezar por el principio reformando la ley electoral, con la participación masiva y activa de la población, hasta cambiar a quienes conducen el vehículo tan mal y equivocadamente?