¿Qué hace falta? Igualdad


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Los datos sobre la participación de las mujeres en el reciente proceso electoral son elocuentes: en el padrón electoral pasaron de representar el 46.9% en 2007 al 50.7% en 2011. Sin embargo, en las candidaturas a cargos por elección, mientras que el porcentaje de mujeres candidatas en 2007 fue de un 12.6%, en 2011 solo aumentó a 14.5%.

Catalina Soberanis


Al hacer el recuento de los cargos obtenidos encontramos que de 533 personas que fueron electas, 35 son mujeres, incluyendo a 20 diputadas y 7 alcaldesas, que representan apenas el 7% del total. Según un cálculo que han hecho organizaciones de mujeres, si continuara esta tendencia, tardaríamos unos 200 años en alcanzar una participación equitativa.

Deben reconocerse, como hitos emblemáticos, la elección de una Vicepresidenta de la República y el hecho de tener en la más alta responsabilidad del Tribunal Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General de Cuentas y el Ministerio Público, a mujeres de reconocida trayectoria.

Además, la participación de las mujeres no se realiza exclusivamente a través de los cargos de elección. Existen otros cargos que se ejercen por nombramiento como, por ejemplo, en el ámbito nacional, ministras y viceministras, directoras de dependencias estatales, juezas y otros cargos de decisión. En el ámbito local, las responsables de las Oficinas Municipales de la Mujer, la representación de las mujeres en los Consejos de Desarrollo o la participación en otras instancias de la institucionalidad pública. También en la sociedad civil se desarrolla la participación política desde la incidencia o desde la auditoría social. Es así como cada día vemos más mujeres en los espacios públicos, contribuyendo a una mejor política y al desarrollo de la sociedad en general, pero muchas veces no se traduce en un mayor reconocimiento de su aporte y en una mayor representación numérica de las mujeres en cargos públicos, especialmente en aquellos que son postulados a elección por los partidos políticos.

Son muchos los obstáculos que enfrentan las mujeres para participar en los partidos políticos. Al preguntarles sobre los motivos, han dicho, entre otras razones, que sus padres, hermanos o esposos no lo permiten, que los hombres no quieren compartir ni ceden espacios, que tienen miedo de participar, que los partidos sólo las utilizan y que no tienen recursos económicos para financiar sus candidaturas.

Ante esa situación, desde hace varios años se han impulsado reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, tanto para que los partidos estimulen la participación de las mujeres como para que las postulen en mayor número a cargos de elección, con posibilidad de ser electas. Un incentivo para ello puede ser el estipular un financiamiento público para la formación política de las mujeres en los partidos, así como para actividades que promuevan su participación activa. Esperemos que ahora sí, como en muchos otros países, se adopten medidas efectivas para que las mujeres podamos continuar aportando al desarrollo nacional con una mayor participación en la toma de decisiones.