“Los impuestos elevados, al disminuir el consumo de los bienes y servicios, y algunas veces al fomentar el contrabando o los mercados informales, frecuentemente tienen un adverso en la recaudación del gobierno que podría obtenerse con impuestos reducidos.” Adam Smith
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Mucho se habla, y escribe, sobre el tema fiscal en los últimos días, y naturalmente, afectándonos, aún más, a los que llevamos sobre nuestros hombros la mayor parte de la carga tributaria, se hace necesario pronunciarnos sobre el tema, nos vendieron primero como una reforma fiscal, lo que posteriormente se llamó actualización fiscal, lo que surgió objetivamente, fue una modificación en los sujetos pasivos, y un aumento de impuestos a los de siempre, pero no es otra cosa que una falacia llamar a este engendro con el nombre de actualización fiscal, le queda muy largo el traje, cuando se habla del fisco, o tema fiscal nos referimos a dos aspectos: los ingresos y los egresos del Estado, acá no existe ninguno de los dos componentes, ya que lo que se modifica solamente es un rubro de los elementos antes mencionados, el de los ingresos, y el rubro modificado son los tributos.
Me quiero explicar: en Finanzas Públicas, la parte general de los ingresos fiscales pueden provenir de diversos medios, uno de ellos es el tributario, dentro del rubro de los tributos se encuentran los impuestos, que son un parte de la división de los tributos, reconocidos en el artículo 239 de la Constitución, por lo tanto llamar “Actualización Fiscal” al reacomodo de impuestos, es una ficción en 3D, ya que los diputados aprobaron y algunos aplaudieron sin analizar lo que les va a tocar pagar puede llamarse de cualquier forma, menos el pomposo nombre de “Actualización Fiscal”.
Lo que el Congreso aprobó con bombos y platillos, no fue otra cosa que el aumento de impuestos a los profesionales, prestadores de servicios, y asalariados, y una disminución de los mismos a los comerciantes, industriales, y a todos los dueños de los medios de producción, quienes pagarán menos impuestos, así que a muchos de los que aplaudieron el híbrido que recién nació, les regresarán sus aplausos, pero en el empobrecimiento de su chequera, al igual que a mí y a todos los que nos encontramos en la misma situación, aunado a lo anterior, la Deuda Pública ya aprobada y la que podrá aprobarse en este y los años venideros. Por lo que personas como yo, (Me tomo como ejemplo) que formamos un grueso de la población, que si pagamos como la ley lo establece nuestros impuestos, el premio que nos dan, es que pagaremos más, y quienes pagaban menos que nosotros haciendo una comparación ingenua entre lo que ingresamos y nuestros gastos pagarán menos.
Creo que ninguno de los gobiernos ha tenido una visión, o posición clara del controvertido tema fiscal, y le han llamado reforma fiscal a cualquier cosa, pero todos se han quedado cortos, porque la palabra fisco, según el diccionario Cabanellas significa: Fiscal: En cuanto adjetivo, perteneciente al Fisco o Erario público; como bienes fiscales. Y en relación a la palabra Fisco: Erario o Tesoro público. Hacienda pública o nacional. Por extensión constituye sinónimo de Estado o autoridad pública en materia económica.
Tomando en cuenta la interpretación del Tema Fiscal, este es mucho más amplio que a la simple traslación de carga impositiva de unos a otros como se ha dado en llamar a cualquier manifestación de esta naturaleza por parte de los gobiernos en turno y de los medios de comunicación.
Por lo tanto, lo aprobado en el Congreso de la República, debería ser además de la traslación de la carga tributaria de los que siempre pagamos a los que pagan menos de lo que debieran, o no pagan, una primera fase, teniendo como objetivo a corto plazo la transparencia en relación al Erario Público que no son otra cosa que los ingresos y egresos del Estado, correspondientes no solamente a impuestos, si no que a otros tributos, como los arbitrios y las contribuciones especiales, así como la forma en que los mismos son gastados, al mencionar gastados, y de acuerdo al Presupuesto General de Ingresos y Egresos, la transparencia en esos egresos que comprenden desde la compra de una engrapadora, hasta un helicóptero, pasando naturalmente por el pago de “Especialistas” extranjeros que siempre nos vienen a tratar de dar lecciones de cómo debemos hacer las cosas, sin conocer nuestra idiosincrasia, cultura y costumbres, sin menospreciar a ninguno de ellos, podrán ser excelentes burócratas en sus países, pero sus fórmulas y teorías inaplicables a Guatemala, porque somos un país totalmente diferente a los demás.
Uno de los grandes problemas que afrontamos diariamente, es la aplicación de las leyes, regularmente copiadas de otros países, y la mayoría de las veces impuestas a cambio de donaciones, o por organismos internacionales, que sabrán mucho de política y relaciones internacionales, pero no del diario vivir del guatemalteco, menos aún de la legislación, les digo a mis alumnos siempre, que leer una ley, es sencillo, lo complicado es interpretarla, si se tratara de solamente de leerlas, con leer las más de 14 mil leyes vigentes en Guatemala, todos seríamos abogados, el meollo del asunto es la interpretación de las mismas y su aplicación al caso concreto, y eso sucede precisamente con el tema de los impuestos, desde que nadie divide no sé si consciente o inconscientemente, el tema fiscal del eminentemente de impuestos, y bautizan a cualquier cosa como Reforma Fiscal, queriendo anular la inteligencia de los guatemaltecos, ya que dicho se encuentra: Reforma Fiscal, incluye todos los ingresos y todos los egresos del Estado, incluyendo los tres poderes, entidades autónomas, semiautónomas y descentralizadas, y no es que me crea docta en el asunto, pero he escrito libros sobre el tema, y las teorías expuestas las he aplicado a la realidad guatemalteca, JAMÁS, LÉASE BIEN, JAMÁS SALDREMOS DEL SUBDESARROLLO, SIN UNA VERDADERA REFORMA FISCAL, LO DEMÁS ES UN POCO DE LO MISMO.