La semana anterior hablamos de diferentes formas y estrategias que en el pasado se usaron para enseñar la lectura. Terminé la primera parte con una nota curiosa acerca de cómo enseñaron a los alumnos a leer silenciosamente para, decían, mejorar la velocidad y eficiencia de la lectura.
Sin embargo, no fue sólo parte de la historia sino es lo que hoy día se espera de los alumnos. Hay una obsesión en la sociedad por la rapidez de la lectura. Tanto es así, que en exámenes de lectura dan a los alumnos poco tiempo, a veces segundos, para leer un párrafo y luego contestar correctamente las preguntas y así sucesivamente se maneja un examen que tiene un límite de tiempo establecido para que todos los alumnos lo respondan. Si el alumno logra contestar las preguntas con conocimiento o adivinando las respuestas, gana el examen y se le califica como excelente o buen lector. El aprendizaje real es irrelevante en este caso y no se toman en cuenta las diferencias individuales de cada estudiante. ¿Será que esos párrafos tienen un sentido especial para los alumnos? ¿Será que una semana después podrán escribir una descripción de qué se trataba cada párrafo?
Hace años tomé uno de esos exámenes de lectura y lo administré a un grupo de alumnos según las indicaciones y las instrucciones de tiempo límite para ejecutar el examen. Unos niños resolvieron bien, otros a medias y otro grupo tuvo bastante dificultad para responder a las preguntas en el tiempo estipulado. Viendo los resultados, decidí modificar el examen en cuanto a tiempo, añadiendo un 50% más del estipulado para que los niños respondieran la prueba. Los resultados fueron drásticamente mejorados por el grupo medio y el de los que tenían mayor dificultad.
¿Qué es leer? Es la base de cómo conseguimos información. La persona cambia según cambia su poder de lectura; pero cómo hacerlo ¿Por medio de las estrategias del pasado o utilizando estrategias diferentes? Soy de la opinión y así aconsejo a directores y maestros de establecimientos educativos, que la lectura tiene intencionalmente que ser incluida como parte de cada clase sin importar el contenido de la misma. Sugiero que desde preprimaria los niños tengan la oportunidad de escoger el o los libros cuya portada les parece interesante. Así entonces el maestro los lee a los alumnos y en los grados en los que más se propicia la lectura, los estudiantes deben poder leer algo relacionado al contenido de una materia específica al iniciar cada período de clase, todos los días. De esta manera se da el mensaje de que la lectura es importante. Los alumnos pueden practicar el leer todos los días y escuchar a otros leer sin presión. Se aprende de los errores. Desde luego la corrección debe hacerse de inmediato y sin indicar que cometió un error y esa actividad no debe llevar una nota calificativa. Más bien, ayuda al maestro a saber dónde tiene que ajustar su enseñanza y para qué alumno para que éste pueda mejorar su lectura comprensiva entendiendo la materia. Hay un dicho que dice que “la práctica arraiga el concepto en la memoria de largo plazo”. Más corto es decir “ practice makes permanent”.
En la clase de lenguaje o literatura, después de la lectura inicial, se puede escribir sobre lo leído, se puede hablar sobre lo que se entendió o se puede actuar lo entendido de la lectura. Con esas estrategias, el maestro puede efectuar la enseñanza del contenido estipulado también en el currículo. En esa forma los alumnos están interactuando con conceptos que les son relevantes. Así se mantiene la motivación y la atención de ellos. Para ampliar los intereses generados por la lectura, la tecnología es otro recurso para buscar más información sobre el tema. Recuerden que: “Información es Poder”. La continuación de la lectura, o sea las extensiones, son la escritura y la explicación oral.
Recordando el término “whole”, en secundaria hay que exigir que los alumnos lean novelas completas y no sólo seleccionar páginas o capítulos. Las partes así dadas, no representan el concepto completo. Imposible entonces tener idea de un todo para discutir, escribir o actuar sobre la novela. ¿Podemos hablar de “Don Quijote de La Mancha”, de “Cien años de soledad” o de “El Señor Presidente” si sólo hemos leído un capítulo de cada obra?
La práctica de la lectura es el medio por el que se logra leer fluidamente pero es aún más importante entender el sentido de lo leído. Si no es así ¿para qué leer? Hay un ejercicio que se puede usar para aplicar a la Evaluación Formativa, saber en forma constante cómo están progresando los alumnos en la lectura, ya sean los más adelantados, los medianos o los que necesitan más atención; este proceso debe darse sin presión y sin calificación. Es así: El maestro pide a los alumnos que lean individualmente una página y que cuando esté seguro que entiende la idea principal de esa lectura, apunte los detalles que apoyan su entendimiento y hasta ese momento pase a la siguiente página. Luego les pide que le expliquen oralmente esos detalles y que los escriban para llegar a la idea principal de esa o esas páginas, dependiendo de cuántas haya leído cada persona.
¿Qué es leer? Directores y maestros, pregunten a sus alumnos si consideran que saber leer bien, es “leer de corrido”, tener una nota alta en un examen o leer desarticuladamente. Estoy seguro que su respuesta sería más bien que opinan que saber leer bien es comprender y entender lo leído porque hacerlo les dará poder en el futuro. No hay que subestimar el conocimiento y la opinión de los alumnos; podemos aprender mucho de ellos con solo escucharlos.
No se logra aprender y dominar la lectura con un “Stop watch” (El tiempo ha terminado), en la mano.