Por segunda vez Pérez Molina habla en las Naciones Unidas sobre la despenalización de las drogas, por lo que como ciudadano guatemalteco me sigo preguntando ¿Qué ganamos con eso? Porque al fin y al cabo nuestro mandatario en todos y cada uno de sus actos debiera llevar implícito buscar el bien común de nuestra sociedad y si bien es cierto que una de las funciones del Presidente de la República es la de dirigir la política exterior del país y las relaciones internacionales ¿No debiera haber llevado a Nueva York al menos el consenso generalizado de la población porque ello es lo que quiere y beneficia a la nación que representa?
¿Qué pasaría si al general Pérez Molina se le sube a la cabeza su carrera militar y llegara a la ONU a impulsar una guerra contra Siria, para citar un ejemplo, y por ello llevara la moción de que cada país miembro pusiera un contingente a su servicio para ir a “echar punta”, expresión ahora utilizada por un candidato presidencial? Soy del criterio que para muchos guatemaltecos, si no la mayoría, sería el acabose si dispusieran despenalizar las drogas, puesto que ya tenemos suficiente con que se comercialicen con todo desparpajo como si se tratara de tomates o ejotes ¿Qué sucedería entonces si cada quien vendiera, usara, negociara o sembrara amapolas y sus derivados, tal como se acaba de encontrar esto último impunemente en el “jardín” de un edificio municipal?
Si lo que quiere nuestro Presidente es lucirse como estadista en el concierto de las naciones, sería mucho mejor que primero atendiera debidamente los asuntos que tanto dolor y lágrimas le está ocasionando a la población guatemalteca. ¿Qué podría contestar ante cualquier colega presidente si le preguntara sobre la eficacia de nuestra policía para evitar que solo falta que los chicleros promuevan la venta de sus venenos en las esquinas de nuestras calles gritando voz en cuello ¿Va a llevar su marihuana don? ¿Será que nuestros cuerpos de seguridad han sido en realidad capaces y eficientes para combatir el narcotráfico, su trasiego y manipulación, a la par de una considerable reducción del robo de vehículos o de la violencia generalizada, que trae como consecuencia lo primero?
A mi manera de ver las cosas quienes se hayan unido a la propuesta de despenalizar las drogas llevan debajo de la manga particulares intereses o razones para apoyar tan desatinada pretensión, como que sigue sin aparecer por ninguna parte un estudio profundo y científico que lo sustente, sino solo suposiciones que a la primera de cambios lo más seguro es que se desplomen. Repito, no me opongo a buscar nuevas rutas para combatir el narcotráfico, pero no hacerlas “a la brava” cuando el mismo representante Gert Rosenthal manifiesta que no se tienen todas las respuestas sobre el contenido y el alcance de ese “algo nuevo”.