«Las prisiones son deplorables, desde México hasta Argentina».
(Rodrigo Escobar, vicepresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos).
El incendio ocurrido a principios de esta semana en la cárcel de Comayagua, Honduras, donde perdieron la vida al menos 377 privados de libertad, es la peor tragedia de este tipo en Latinoamérica, causada por las pésimas condiciones de inseguridad que prevalecen en las prisiones de la mayor parte de países de la región, Guatemala no es la excepción. Este drama humano vuelve a poner en el debate el carácter de los centros de detención, sobre si son prisiones o bodegas humanas.
En el caso de Honduras el drama se repite, ya que en 2004 hubo una tragedia parecida, 107 reos murieron quemados en un incendio en la cárcel de San Pedro Sula, segunda ciudad del país. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH realizó una investigación y concluyó que los reclusos no fueron auxiliados por los funcionarios de la prisión para tratar de salvar vidas. «La guardia no les abrió las puertas», dijo Escobar. «Los presos tuvieron que tumbar las puertas, y, cuando lo lograron, más de la mitad ya se habían carbonizado».
La tragedia de Comayagua, sumada a la de 2004 en San Pedro Sula y a las advertencias de la CIDH a Honduras, coloca al Gobierno hondureño en un aprieto frente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. «Lo que ha ocurrido es responsabilidad de Estado», denuncia Escobar, quien precisa que las indicaciones de su órgano a los países miembros de la OEA, cuando son precisas y referidas a hechos concretos, son órdenes «vinculantes» y no simples recomendaciones.
Escobar dejó claro que, lo ocurrido en Comayagua no es un accidente, sino una tragedia motivada por una «clara omisión del Estado», una «tragedia anunciada», una consecuencia de un problema estructural. «No es solamente algo que ha pasado en una cárcel. Es resultado de un sistema penitenciario en el que se permite el hacinamiento, un sistema corrupto con unas prisiones en las que la violencia está generalizada».
El Vicepresidente de la CIDH precisó que en Honduras algunas prisiones superan el 70% de sobrepoblación. Este hecho, es un fallo sistemático muy extendido. «Ningún país puede pregonar que se encuentra en buena situación. Cada uno tiene sus particularidades, pero hay un común denominador: sobrepoblación, abuso de la detención preventiva, falta de atención médica, insuficiente alimentación, ausencia de políticas de rehabilitación y de reinserción…».
Para Escobar, en América Latina, Honduras, El Salvador y Venezuela tienen “las peores condiciones, sobre todo por la violencia y la corrupción que se vive en el interior de las cárceles. El poder de facto en las prisiones venezolanas lo ejercen los propios reos”. Al referirse a la Argentina, afirma, «los menores de edad son tratados como los adultos y, aun teniendo 16 o 17 años son condenados a penas larguísimas de prisión, tan excesivas que es como si los condenasen a cadena perpetua».
El Vicepresidente de la Comisión Interamericana lamenta lo alejado que están los Gobiernos de remediar el drama: «Para evitar este tipo de situaciones es necesario un protocolo de emergencias, que en América Latina a menudo son deficientes o ni siquiera existen”.